Las personas LGTBI sufren en esta crisis niveles más altos de violencia, exclusión y privación de derechos debido al estigma, la discriminación y la criminalización de su realidad

Organismos internacionales alertan de la situación de vulnerabilidad de las personas LGTBI ante la crisis del COVID-19

La situación de confinamiento y de privación temporal de libertades agrava discriminaciones ya existentes en el colectivo a nivel global

El 17 de mayo de hace 30 años la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales y desde ese 17 de mayo de 1990 se conmemora en todo el mundo el Día contra la LGTBIfobia.

Tres décadas después, organizaciones referentes de derechos humanos como OutRight Accion Internacional, ILGA o FELGTB alertan de la situación de especial vulnerabilidad en la que se encuentran muchas personas LGTBI como consecuencia de la crisis de la pandemia provocada por la COVID-19 ya que el confinamiento y la privación temporal de libertad ha agravado considerablemente unas discriminaciones ya existentes.

Además, las entidades ponen de manifiesto que los altos niveles de estigmatización y discriminación de los servicios de salud han apartado a las personas trans e intersex de los sistemas sanitarios durante años, lo que puede generar retrasos a la hora de buscar atención médica cuando se precise. Del mismo modo, alertan sobre las interrupciones en el acceso a determinados tratamientos imprescindibles para las personas LGTBI, como la medicación relacionada con el VIH o la terapia hormonal, que se están produciendo en la actualidad en muchos países como consecuencia del colapso de los sistemas sanitarios por la crisis del COVID-19.

Igualmente, estos organismos denuncian la situación de millones de personas refugiadas LGTBI, incluidas las solicitantes de asilo, que se encuentran en campos de refugiados con condiciones sanitarias e higiénicas propensas a la propagación del virus. Las personas LGTBI que conviven en estos campos se encuentran, además, a menudo sin espacios seguros y expuestas a la LGTBIfobia por la que huyeron de sus países de origen.

Las entidades también muestran su preocupación por los abusos de poder cometidos por determinados estados como Turquía, Polonia, Uganda y Filipinas, donde las primeras investigaciones revelan que se está aprovechando la implantación de medidas para controlar la pandemia para mermar los derechos de la población LGTBI, así como la proliferación de los discursos de odio en países como Ucrania, Kenia, Ghana, Rusia o los Estados Unidos, entre otros, en los que, generalmente, líderes religiosos conservadores, relacionan directamente la crisis sanitaria con las personas LGTBI.

EL DÍA CONTRA LA LGTBIFOBIA EN ARAGÓN

Alberto Barquero, Secretario de Organización de SOMOS, ha declarado que “es precisamente en este momento de crisis sanitaria, social y económica cuando los gobiernos deben mantenerse firmes en el estado de derecho y en la defensa de los derechos humanos porque esta emergencia está agravando la crisis de desigualdad estructural que ya existía antes de la pandemia y está provocando que las personas más vulnerables sufran mayores riesgos; de nada nos sirve en Aragón contar con dos leyes protectoras del colectivo LGTBI y nuestras familias si no están implementadas y no nos sirven como escudo”.

En este mismo sentido, Juan Diego Ramos, Presidente de la ONG activista, comenta que “las personas LGBTI estamos experimentando en la actualidad un mayor aislamiento y una mayor precariedad económica, en muchos casos, derivada de todas aquellas discriminaciones previas que ya existían antes del confinamiento. En muchas ocasiones, la LGTBIfobia ha empujado a muchas personas LGTBI, especialmente a migrantes y trans, a realizar actividades no reguladas, a infravivir con escasos recursos y a sobrevivir con unos niveles de violencia, exclusión, estigma y discriminación enormes”.

En este sentido, desde la Asociación SOMOS han declarado que pese a que este momento está luchando por su propia supervivencia financiera no cejará de trabajar por las personas más vulnerables del colectivo como ha demostrado durante toda la pandemia, estando a pie de calle y readaptándose a las necesidades de sus usuarias y usuarias sino también luchando por la aprobación de una ley estatal que iguale los derechos de las personas LGTBI a los del resto de la población o reivindicando la implementación de las leyes aragonesas 4/2018 y 18/2018, trans y LGTBI, respectivamente.

Así mismo, la entidad LGTBI ha comunicado que seguirá reclamando al Gobierno de Aragón que en días tan señalados como el de hoy se centren en las personas LGTBI y en reforzar a las organizaciones sociales que están implicándose en la atención a las personas más vulnerables durante el confinamiento y el Estado de Alarma.

En palabras de Barquero “ni entendemos, ni compartimos que una institución que se dice responsable se centre un 17M en publicar en redes sociales películas, libros, documentales o canciones relacionadas con las personas LGTBI y deje a un lado a las personas vulnerables en este contexto de tanta dureza; es incomprensible que la DGA ni proponga ni ponga en marcha políticas activas y acciones claras y concretas que alivien el sufrimiento de muchas personas“.

En el día de las familias decimos claro: «No, nuestras familias no son iguales»

En el día de las familias, SOMOS asegura que las familias LGTBI no son iguales a las familias cis-heterosexuales porque no cuentan con los mismos derechos. La diversidad pasa por entender, asegura la ONG activista, que somos diferentes y lo igualitario deben ser los derechos.

Somos familias que no somos reconocidas como tales por una parte importante de la sociedad, familias en cuyo seno puede haber violencia intragénero y cuya protección a las víctimas no está reconocida más allá de la violencia doméstica o en las que puede no reconocerse la identidad de género y/o la expresión de género y/o la orientación sexual de parte de las personas de la unidad familiar. No somos iguales al resto en esto.

Somos familias con pocos referentes en libros de texto, series de televisión u obras de teatro. Somos familias que tenemos que vigilar a qué partes del mundo queremos viajar porque nuestras vidas y nuestra realidad puede no reconocerse. Somos familias con impedimentos mayores a la hora de adoptar. No somos iguales al resto en esto.

Somos familias compuestas por personas LGTBI, y como tales, no contamos con los mismos derechos, por lo que no somos iguales al resto.

Somos familias que seguimos luchando por nuestros derechos sexuales y reproductivos, especialmente aquellas madres y padres trans, por lo que no somos iguales al resto.

Somos familias cuyos miembros sufrimos una clara discriminación LGTBIfóbica directa, indirecta o por asociación aunque no seamos lesbianas, gais, trans, bisexuales o intersex. No somos iguales al resto.

Somos familias compuestas por dos madres que se nos discrimina para registrar a nuestras hijas e hijos en el Registro Civil si no estamos casadas, o a las que nos pueden poner pegas en el acceso a tratamientos de reproducción asistida si no contamos con una pareja varón. No somos iguales al resto en esto.

Somos familias que hemos tenido que inventar nuevas formas de relación porque el sistema nos excluía, viviendo en comunidad, o con compañeras y compañeros, o que hemos sido o somos poliamorosas o no, y que hemos formado familias desde la sororidad porque la normatividad del matrimonio nos excluía hasta 2005. Y, en esto, no somos iguales.

Somos familias que nos hemos visto repudiadas y pobres cuando nuestras y nuestros familiares han fallecido y no estábamos casadas/os aunque lleváramos décadas viviendo en pareja porque el matrimonio no era igualitario. Y tampoco somos iguales en esto.

Somos familias que desde la sororidad hemos reinventado el concepto de familia. Y, en esto, tampoco somos iguales.

Somos familias que no queremos ser iguales. Somos familias que queremos tener los mismos derechos que el resto de la ciudadanía y, por ello, exigimos que se respete nuestra realidad disidente y que nadie nos normalice. No, nuestras familias no son iguales.