XVIII Muestra de Cine Realizado por Mujeres en Huesca

unnamed.jpg

XVIII Muestra de Cine Realizado por Mujeres en Huesca

14 al 18 Marzo de 2018

Dos mujeres, dos, fundamentales en la historia del cine son las protagonistas del cartel que Mamen Moreu ha realizado para anunciar la decimoctava Muestra de Cine realizado por Mujeres en Huesca.

En blanco sobre fondo amarillo destaca a gran tamaño Alice Guy (1873-1968), la mujer visionaria que antes que Georges Méliès entendió las inmensas posibilidades del cine. Entre los muchos experimentos que esta mujer llevó a cabo están las primeras películas en color y las primeras con sonido. Realizó la primera película, A Food and His Money, protagonizada íntegramente por actores negros en un momento en que a los actores blancos se les pintaba la cara para hacer de negros y en un contexto político social de racismo extremo. También firmó la primera superproducción de la historia del cine, La vida de Cristo en 1906 y la primera película feminista, Las consecuencias del feminismo (1906). Más de 1000 películas en 24 años (historias bélicas, dramas sociales, western, ciencia ficción, adaptaciones literarias), además de fundar varias productoras con su marido. El divorcio en 1922 fue el principio del fin para Alice Guy como cineasta, una auténtica conspiración de silencio que no ha sido rota hasta el siglo XXI, a pesar de que sus últimos años los pasó luchando contra el olvido, contra su exclusión en la historia del cine.

En tamaño menor, con traje masculino, como a ella le gustaba, Dorothy Arzner (1897-1979), única mujer directora en el Hollywood de los años 30, primer miembro femenino del Sindicato de Directores de América en el que ingresó en 1933. Fue script, escenógrafa, montadora, recortadora de negativos, mil y un oficios del cine antes de dirigir la primera película, encargo de la Paramount, Fashions for Women (1927), a la que seguirían 19
películas como directora; entre ellas la primera hablada que produjo la Paramount, The Wild Party (1929), Dance, girl, Dance (1940), protagonizada por Lucille Ball, una película que desnuda el lado oscuro del music-hall, así como Anybody`s Woman, protagonizada
por Katherine Hepburn, en la que se cuestionan los roles sexuales.

En general, sus personajes femeninos son mujeres independientes, complejas, alejadas del imaginario romántico en el que se encerraba a las mujeres en el cine y en la vida. Ella misma, una mujer valiente que vivió desde 1930 hasta su muerte con Marion Morgan, bailarina y coreógrafa. Los últimos años de su carrera los dedicó a la enseñanza, como profesora de cine en la Universidad de California.

Las chapas colocadas en el vestido de Alice Guy, la del reciente movimiento Me Too y el símbolo feminista, son el guiño divertido con el que Mamen ha querido acercar a estas dos pioneras a la época actual. 

La autora del cartel

Mamen Moreu (Huesca, 1985), dibujante de cómics, ilustradora, guionista, historietista, como le gusta autodenominarse, es la autora del cartel de la decimoctava edición de la Muestra de Cine realizado por Mujeres.

Estudió en la Escuela Joso de Barcelona y desde 2009, entre mil actividades más, publica en la revista satírica El Jueves. Desde 2016 dibuja la serie semanal Dolores y Lolo para la revista, con guiones de Iván Batty.

En 2014 publicó su primera novela gráfica, Resaca, en la prestigiosa editorial Astiberri, y cuyos dibujos y bocetos originales pudimos disfrutar en Huesca en la sala de exposiciones del Centro Cultural Manuel Benito Moliner (Matadero). Por Resaca fue nominada para el premio al autor/a revelación en el Salón del Cómic de Barcelona.

Mamen es una de las componentes del Webcómic con Caniculadas, compuesto solo por autoras y publicado únicamente en los meses de verano de 2012 y 2015. Se hicieron con el premio al mejor webcómic en el Salón del Cómic de Zaragoza. Visto el éxito, las componentes de Caniculadas publicaron en Astiberri el cómic Institutos, en la colección “Leyendas urbanas”.

Ha colaborado también en varios álbumes colectivos: Enjambre (Norma Editorial), Todas putas (Dibukks), Las chicas pintan mucho (FNAC), Los grandes inventos del 2016 (FNAC) y Teresa Perales Cómic (Fundación Telefónica).

Las historietas de Mamen están atravesadas por un humor irreverente, gamberro, desenfadado; en sus cómics se representan todo tipo de sexualidades y de cuerpos; los protagonistas  principales siempre son mujeres alejadas de los estereotipos, van a
su rollo, pasan de las normas y de las convenciones.

De su proceso creativo nos hablará Mamen en el taller de cómic.

Será el día 17 de marzo en la Comicteca de la Biblioteca Municipal Ramón J. Sender de Huesca. Ya estamos deseando que se publique este año Desastre, su próxima novela gráfica, que publicará Astiberri.

El equipo de la XVIII Muestra

Mujeres bisexuales, tierra de nadie

Un artículo de ELISA COLL BLANCO,  autora de Revolution on the road, blog feminista sobre viajes y activismo, y del taller Viajar solas sin dinero y sin miedo publicado en ELSALTODIARIO.COM

«Huy, yo de las bisexuales huyo como del diablo.» «Eso dije yo cuando aún no quería admitir que era gay». «Entonces, ¿ahora vuelves a ser hetero?» A pesar de los grandes avances logrados por la comunidad LGTBIQA+, la «B» sigue siendo a día de hoy una fantasía para el mundo heterosexual y una broma para el mundo homosexual.

Hace un tiempo me senté con una amiga a tomar unas cervezas que llevaban meses pendientes. Yo quería darle una noticia: que tenía pareja, y que esa pareja era una mujer. Había conseguido la fuerza necesaria para poder salir, por fin, del armario como bisexual en mi entorno. En este caso no estaba demasiado nerviosa, porque mi amiga es lesbiana y yo daba por sentado que lo iba a recibir con naturalidad, o que incluso ya se lo habría imaginado. Así que se lo solté.

Su reacción fue decir: «¡Huy, yo de las bisexuales huyo como del diablo!» Me quedé muda. No esperaba esa respuesta y tampoco la entendía. Le pregunté el por qué. Ella me dijo algo así como que éramos muy complicadas, y me recomendó que «no me pusiera ninguna etiqueta todavía», que esperara a ver. Yo le insistí en que no era lesbiana, que lo tenía claro, pero ella no pareció tomárselo muy en serio y ahí se terminó la conversación.

No te pongas ninguna etiqueta todavía, espera a ver.

Éste no es más que uno de los innumerables ejemplos de bifobia que las personas bisexuales aguantamos cada vez que nuestra orientación o nuestra vida sexual o amorosa aparecen en una conversación. Nuestra identidad es constantemente cuestionada, banalizada, invisibilizada y estigmatizada (y, en el caso de las mujeres bisexuales, también sexualizada), no sólo desde la heteronormatividad, sino también, y en una enorme proporción, desde la propia comunidad LGTBIQA+… sobre todo desde la L y la G.

 
ACLARACIÓN: «BISEXUAL» NO SIGNIFICA QUE SÓLO EXISTAN DOS SEXOS O GÉNEROS
El término «bisexual» se aplica a cualquier persona con la capacidad de sentir atracción sexual, romántica o afectiva hacia personas de más de un género o sexo. Erróneamente se suele creer que la palabra «bisexual» implica que sólo existen dos sexos, pero lo cierto es que desde el activimo bisexual se recogen todas las realidades de género y sexo, y se usa este término como «paraguas» para abarcar las diversas formas de vivir la atracción hacia personas de más de un género o sexo. Existen debates en torno a esto y el uso de la palabra «pansexual», que no cabrían en este artículo, pero en este vídeo se explica y resume el tema bastante bien.

lgt¿B?: LA BIFOBIA DESDE LA HOMOSEXUALIDAD

«Espacio libre de agresiones homófobas y tránsfobas». Leerás letreros con este mensaje a la entrada de numerosos centros sociales autogestionados, espacios de corte izquierdista, anarquista, feminista, antirracista. Sin embargo, a día de hoy no recuerdo estar en ningún espacio donde se mencionaran también las agresiones bífobas, a pesar de que la B es una de las siglas principales del movimiento, a pesar de que las dos personas más icónicas de los disturbios de 1969 en Stonewall (Sylvia Rivera y Martha P. Johnson), además de ser trans eran bisexuales. Todos los años Madrid se vanagloria de su espectacular desfile del Orgullo, a la vez que desde el activismo se organiza la manifestación del Orgullo Crítico, pero apenas se sabe que quien organizó la primera marcha fue una mujer bisexual llamada Brenda Howard.

La bisexualidad es una identidad que sufre una tremenda invisibilización dentro del movimiento LGTBIQA+. Es posible que ya conozcas los estigmas a los que estamos eternamente vinculadas: se nos dice que estamos confusas, que es una fase hacia la homosexualidad, que es una fase que nos devolverá a la heterosexualidad, que lo que nos pasa es que somos personas viciosas, infieles o promiscuas. Esto, en el caso de que nuestra orientación se mencione en una conversación sobre diversidad sexual, porque la mayoría de veces se habla de gays y lesbianas, de relaciones homosexuales, y la bisexualidad ni siquiera se nombra. Las personas bisexuales, de forma parecida a las personas de género no binario, desafiamos con nuestra existencia el eterno binarismo (valga la redundancia) en el que estamos clasificadas las personas: o eres una cosa, o eres otra. Y por ello sufrimos una cantidad extra de violencia, por parte de heterosexuales y del propio movimiento LGTBIQA+, por no adaptarnos «ni a un lado ni a otro»: somos tierra de nadie.

En los movimientos y entornos lésbicos aún sigue existiendo una fuerte resistencia a reconocer a las mujeres bisexuales como tales. Se nos insiste en que es una fase que nos llevará al lesbianismo, y cuando no, se nos tacha de «heterocuriosas». Por lo visto, existe una idea recurrente de que las «chicas heteros» (como se nos llama muchas veces a las bisexuales) siempre acabamos hiriendo emocionalmente a las lesbianas por irnos con un hombre. En la serie Orange Is The New Black hay constantes referencias de este tipo a su protagonista, Piper (que aun siendo claramente bisexual es tachada de «heteroconfusa») con frases como: «Chicas heteros… te joderán siempre«. Yo misma, que he vivido todo esto, he sentido muchas veces la necesidad de dar explicaciones sobre mi orientación sexual y subrayar constantemente que yo no era heterosexual (cuando tenía pareja masculina) u homosexual (cuando la tenía femenina). Curiosamente, cuando tuve novia empecé a notar que se me incluía más en entornos homosexuales, especialmente entre lesbianas. Más tarde, leyendo el libro Bifobia de Ignacio Elpidio he descubierto que todas éstas son sensaciones muy comunes entre mujeres bisexuales.

la eterna fantasía heterosexual

Tal vez te suene el concepto «unicornio». Es el nombre común que se les da a las mujeres bisexuales dispuestas a tener relaciones sexuales con una pareja hombre-mujer. Se usa este término precisamente para destacar que éstas son personas difíciles de encontrar y de «atrapar», bellos animales escurridizos y avariciados por el imaginario heterosexual masculino. Este concepto y todo lo que conlleva se traduce en dos problemas principales: la sexualización de las mujeres bisexuales al ser reducidas a una fantasía masculina heterosexual, y la estigmatización de ser, efectivamente, un unicornio.

Una vez un hombre heterosexual me dijo que le encantaría ser bisexual. Yo le respondí que sí, que le encantaría por un lado, pero que sufriría mucho por otro. Él se quedó a cuadros y me preguntó que a qué me refería, así que le relaté mi dolorosa salida del armario en ciertos entornos muy cercanos que yo consideraba seguros y las agresiones que había vivido en la calle al pasear con mi pareja femenina. Él, que no daba crédito, me preguntó: «¿Ah, pero tú has tenido relaciones sentimentales con mujeres?» No se le había pasado por la cabeza que me identidad sexual existiera de forma autónoma más allá de sus fantasías.

Y es que una de las formas más extendidas de presentar la bisexualidad femenina es como fantasía sexual para el disfrute de la mirada masculina heterosexual. No hay más que meterse en cualquier portal de pornografía para comprobar que entre los vídeos más vistos se encuentra el típico trío de dos mujeres con un hombre. Trío, por supuesto, coitocentrista, en el que el hombre es el eje central y todas las prácticas sexuales están dirigidas a darle placer a él, ya sea físicamente (mamadas a dos) o visualmente (incluso cuando las mujeres interactúan, es para que él mire y se masturbe). Pero esto no se limita al ámbito del porno: podemos verlo en nuestra televisión, en forma de cine o publicidad. Y ésta es una opresión que también sufren de forma interseccional las lesbianas, porque lo que se sexualiza desde el imaginario heterosexual masculino es el sexo entre mujeres, dando exactamente igual nuestra orientación o deseo. Si eres bisexual, se da por sentado que estás deseando hacer un trío. Si eres lesbiana, no pasa nada, «eso es que aún no has probado una buena polla».

Llevando este problema un poco más allá, descubrimos que muchas veces los intentos de la comunidad bisexual por liberarnos de las eternas etiquetas de «promiscuas» o de unicornios hace que, precisamente, caiga un estigma sobre las mujeres bisexuales que sí son, o somos, promiscuas o unicornios. Parece que hay que demostrar que sí, que eres bisexual, pero oye, que no eres una viciosa, que eres una bisexual muy decente – mientras que, por ejemplo, la promiscuidad en los hombres heterosexuales no sólo no es castigada, sino que se aplaude y se refuerza como medidor de masculinidad.

Al igual que el mundo se rige por una asunción constante de heterosexualidad, es decir, que asumimos automáticamente que todas las personas que nos rodean son heterosexuales hasta que se demuestre lo contrario, de la misma forma cuando vemos una pareja de personas del mismo sexo caemos en la asunción de homosexualidad: gays o lesbianas hasta que se demuestre lo contrario. Y así, en ambos casos, pasamos por alto la idea de que tal vez haya una tercera opción (u opciones) que estemos ignorando. Pero la bisexualidad existe, es válida y seguimos trabajando por visibilizarla. No somos una fase: hemos venido para quedarnos.

Este 25N grita más que nunca: Basta de terrorismo hacia las mujeres

Hace apenas pocos días, conocíamos los datos en Aragón sobre violencia machista, unos datos aterradores que no hacen más que incidir e insistir que nos encontramos ante un problema de Estado y una carencia social de primera magnitud.

Si como bien dijo Natalia Salvo, Directora del Instituto Aragonés de la Mujer, el machismo es un factor de riesgo para todas las mujeres y las niñas y desde el Gobierno de Aragón tenemos un compromiso firme con la prevención y erradicación de la violencia de género, desde SOMOS apostillamos que ese machismo intolerable se ve reforzado por la transfobia que sufrimos a diario las mujeres trans.

Erradicar toda manifestación de violencia contra las mujeres es trabajar específicamente en la prevención y abordaje de la violencia sexual y también de las agresiones sexuales contra las mujeres y las niñas, eliminando con ello las ideas cisexistas sobre la realidad mujer. 

Celebramos el primer Protocolo de prevención y actuación ante agresiones sexuales en Aragón, así como la creación de un recurso especializado de atención integral en materia de violencia sexual, la creación de la RAELLAS, la Red Aragonesa de Entidades Locales Libres de Agresiones Sexuales y aplaudimos las medidas que hagan de la lucha contra la violencia hacia la mujer un eje central de las políticas públicas. 

Andrea Rihannon, Secretaria de Comunicación de SOMOS, recuerda que Admirarnos entre nosotras es la mayor revolución que podemos protagonizar las mujeres y a la vez es la mejor forma de querernos. Porque para derrocar al patriarcado no nos hacen rifles sino respuestas sensatas, pacíficas y didácticas, debemos trabajar desde la sororidad y empoderadas. Debemos estar todas, sin dejarnos a ninguna por el camino. En este sentido, no podemos obviar el sistema cisexista que nos envuelve y olvida a mujeres trans constantemente.  

Vel Simón, Vocal de adolescentes de SOMOS, hace un llamamiento a activar las políticas de igualdad en la juventud. Ves el Barómetro del ProyectoScorpio 2017 elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud y sus datos nos asustan pero no preocupan a la sociedad, afirma Simón. Entre adolescentes y jóvenes los celos, el control o la no explícita violencia física son cosas que adolescentes y jóvenes ven como normales dentro de una relación de pareja, interiorizando y naturalizando la opresión patriarcal. Además, en el caso de las mujeres trans, la inseguridad e indensión con la que contamos es lo cotidiano en nuestras vidas, continúa diciendo. 

25noviembre