Mujeres bisexuales, tierra de nadie

Un artículo de ELISA COLL BLANCO,  autora de Revolution on the road, blog feminista sobre viajes y activismo, y del taller Viajar solas sin dinero y sin miedo publicado en ELSALTODIARIO.COM

“Huy, yo de las bisexuales huyo como del diablo.” “Eso dije yo cuando aún no quería admitir que era gay”. “Entonces, ¿ahora vuelves a ser hetero?” A pesar de los grandes avances logrados por la comunidad LGTBIQA+, la “B” sigue siendo a día de hoy una fantasía para el mundo heterosexual y una broma para el mundo homosexual.

Hace un tiempo me senté con una amiga a tomar unas cervezas que llevaban meses pendientes. Yo quería darle una noticia: que tenía pareja, y que esa pareja era una mujer. Había conseguido la fuerza necesaria para poder salir, por fin, del armario como bisexual en mi entorno. En este caso no estaba demasiado nerviosa, porque mi amiga es lesbiana y yo daba por sentado que lo iba a recibir con naturalidad, o que incluso ya se lo habría imaginado. Así que se lo solté.

Su reacción fue decir: “¡Huy, yo de las bisexuales huyo como del diablo!” Me quedé muda. No esperaba esa respuesta y tampoco la entendía. Le pregunté el por qué. Ella me dijo algo así como que éramos muy complicadas, y me recomendó que “no me pusiera ninguna etiqueta todavía”, que esperara a ver. Yo le insistí en que no era lesbiana, que lo tenía claro, pero ella no pareció tomárselo muy en serio y ahí se terminó la conversación.

No te pongas ninguna etiqueta todavía, espera a ver.

Éste no es más que uno de los innumerables ejemplos de bifobia que las personas bisexuales aguantamos cada vez que nuestra orientación o nuestra vida sexual o amorosa aparecen en una conversación. Nuestra identidad es constantemente cuestionada, banalizada, invisibilizada y estigmatizada (y, en el caso de las mujeres bisexuales, también sexualizada), no sólo desde la heteronormatividad, sino también, y en una enorme proporción, desde la propia comunidad LGTBIQA+… sobre todo desde la L y la G.

 
ACLARACIÓN: “BISEXUAL” NO SIGNIFICA QUE SÓLO EXISTAN DOS SEXOS O GÉNEROS
El término “bisexual” se aplica a cualquier persona con la capacidad de sentir atracción sexual, romántica o afectiva hacia personas de más de un género o sexo. Erróneamente se suele creer que la palabra “bisexual” implica que sólo existen dos sexos, pero lo cierto es que desde el activimo bisexual se recogen todas las realidades de género y sexo, y se usa este término como “paraguas” para abarcar las diversas formas de vivir la atracción hacia personas de más de un género o sexo. Existen debates en torno a esto y el uso de la palabra “pansexual”, que no cabrían en este artículo, pero en este vídeo se explica y resume el tema bastante bien.

lgt¿B?: LA BIFOBIA DESDE LA HOMOSEXUALIDAD

“Espacio libre de agresiones homófobas y tránsfobas”. Leerás letreros con este mensaje a la entrada de numerosos centros sociales autogestionados, espacios de corte izquierdista, anarquista, feminista, antirracista. Sin embargo, a día de hoy no recuerdo estar en ningún espacio donde se mencionaran también las agresiones bífobas, a pesar de que la B es una de las siglas principales del movimiento, a pesar de que las dos personas más icónicas de los disturbios de 1969 en Stonewall (Sylvia Rivera y Martha P. Johnson), además de ser trans eran bisexuales. Todos los años Madrid se vanagloria de su espectacular desfile del Orgullo, a la vez que desde el activismo se organiza la manifestación del Orgullo Crítico, pero apenas se sabe que quien organizó la primera marcha fue una mujer bisexual llamada Brenda Howard.

La bisexualidad es una identidad que sufre una tremenda invisibilización dentro del movimiento LGTBIQA+. Es posible que ya conozcas los estigmas a los que estamos eternamente vinculadas: se nos dice que estamos confusas, que es una fase hacia la homosexualidad, que es una fase que nos devolverá a la heterosexualidad, que lo que nos pasa es que somos personas viciosas, infieles o promiscuas. Esto, en el caso de que nuestra orientación se mencione en una conversación sobre diversidad sexual, porque la mayoría de veces se habla de gays y lesbianas, de relaciones homosexuales, y la bisexualidad ni siquiera se nombra. Las personas bisexuales, de forma parecida a las personas de género no binario, desafiamos con nuestra existencia el eterno binarismo (valga la redundancia) en el que estamos clasificadas las personas: o eres una cosa, o eres otra. Y por ello sufrimos una cantidad extra de violencia, por parte de heterosexuales y del propio movimiento LGTBIQA+, por no adaptarnos “ni a un lado ni a otro”: somos tierra de nadie.

En los movimientos y entornos lésbicos aún sigue existiendo una fuerte resistencia a reconocer a las mujeres bisexuales como tales. Se nos insiste en que es una fase que nos llevará al lesbianismo, y cuando no, se nos tacha de “heterocuriosas”. Por lo visto, existe una idea recurrente de que las “chicas heteros” (como se nos llama muchas veces a las bisexuales) siempre acabamos hiriendo emocionalmente a las lesbianas por irnos con un hombre. En la serie Orange Is The New Black hay constantes referencias de este tipo a su protagonista, Piper (que aun siendo claramente bisexual es tachada de “heteroconfusa”) con frases como: “Chicas heteros… te joderán siempre. Yo misma, que he vivido todo esto, he sentido muchas veces la necesidad de dar explicaciones sobre mi orientación sexual y subrayar constantemente que yo no era heterosexual (cuando tenía pareja masculina) u homosexual (cuando la tenía femenina). Curiosamente, cuando tuve novia empecé a notar que se me incluía más en entornos homosexuales, especialmente entre lesbianas. Más tarde, leyendo el libro Bifobia de Ignacio Elpidio he descubierto que todas éstas son sensaciones muy comunes entre mujeres bisexuales.

la eterna fantasía heterosexual

Tal vez te suene el concepto “unicornio”. Es el nombre común que se les da a las mujeres bisexuales dispuestas a tener relaciones sexuales con una pareja hombre-mujer. Se usa este término precisamente para destacar que éstas son personas difíciles de encontrar y de “atrapar”, bellos animales escurridizos y avariciados por el imaginario heterosexual masculino. Este concepto y todo lo que conlleva se traduce en dos problemas principales: la sexualización de las mujeres bisexuales al ser reducidas a una fantasía masculina heterosexual, y la estigmatización de ser, efectivamente, un unicornio.

Una vez un hombre heterosexual me dijo que le encantaría ser bisexual. Yo le respondí que sí, que le encantaría por un lado, pero que sufriría mucho por otro. Él se quedó a cuadros y me preguntó que a qué me refería, así que le relaté mi dolorosa salida del armario en ciertos entornos muy cercanos que yo consideraba seguros y las agresiones que había vivido en la calle al pasear con mi pareja femenina. Él, que no daba crédito, me preguntó: “¿Ah, pero tú has tenido relaciones sentimentales con mujeres?” No se le había pasado por la cabeza que me identidad sexual existiera de forma autónoma más allá de sus fantasías.

Y es que una de las formas más extendidas de presentar la bisexualidad femenina es como fantasía sexual para el disfrute de la mirada masculina heterosexual. No hay más que meterse en cualquier portal de pornografía para comprobar que entre los vídeos más vistos se encuentra el típico trío de dos mujeres con un hombre. Trío, por supuesto, coitocentrista, en el que el hombre es el eje central y todas las prácticas sexuales están dirigidas a darle placer a él, ya sea físicamente (mamadas a dos) o visualmente (incluso cuando las mujeres interactúan, es para que él mire y se masturbe). Pero esto no se limita al ámbito del porno: podemos verlo en nuestra televisión, en forma de cine o publicidad. Y ésta es una opresión que también sufren de forma interseccional las lesbianas, porque lo que se sexualiza desde el imaginario heterosexual masculino es el sexo entre mujeres, dando exactamente igual nuestra orientación o deseo. Si eres bisexual, se da por sentado que estás deseando hacer un trío. Si eres lesbiana, no pasa nada, “eso es que aún no has probado una buena polla”.

Llevando este problema un poco más allá, descubrimos que muchas veces los intentos de la comunidad bisexual por liberarnos de las eternas etiquetas de “promiscuas” o de unicornios hace que, precisamente, caiga un estigma sobre las mujeres bisexuales que sí son, o somos, promiscuas o unicornios. Parece que hay que demostrar que sí, que eres bisexual, pero oye, que no eres una viciosa, que eres una bisexual muy decente – mientras que, por ejemplo, la promiscuidad en los hombres heterosexuales no sólo no es castigada, sino que se aplaude y se refuerza como medidor de masculinidad.

Al igual que el mundo se rige por una asunción constante de heterosexualidad, es decir, que asumimos automáticamente que todas las personas que nos rodean son heterosexuales hasta que se demuestre lo contrario, de la misma forma cuando vemos una pareja de personas del mismo sexo caemos en la asunción de homosexualidad: gays o lesbianas hasta que se demuestre lo contrario. Y así, en ambos casos, pasamos por alto la idea de que tal vez haya una tercera opción (u opciones) que estemos ignorando. Pero la bisexualidad existe, es válida y seguimos trabajando por visibilizarla. No somos una fase: hemos venido para quedarnos.

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