Hoy en la campaña “VUELTA A CLASE SIN BULLYING” estudios y curiosidades centrados en el acoso por ser persona LGTB+

65837565Hoy en la campaña “VUELTA A CLASE SIN BULLYING” estudios y curiosidades centrados en el acoso por ser persona LGTB+ Bullying Homofóbico, historias que no se cuentan, consecuencias del bullying: la carga de ser diferente: LGTBobia en las aulas, LGTBfobia relacionada con personalidades disfuncionales, estudio sobre bullying LGTB, el acoso por ser persona LGTB debe “salir del armario” …

Bullying Homofóbico, historias que no se cuentan

En 2012 se registraron al menos cinco mil muertes de menores de edad a consecuencia de acoso escolar en México, de acuerdo con información del Senado de la República. Mientras tanto, en Puebla, el Consejo de Pediatría Estatal estima que al menos tres de cada diez alumnos de educación básica han sufrido acoso escolar pero sólo 10% de los casos se denuncia.

Conocido como bullying, el acoso escolar es un comportamiento agresivo constante y progresivo entre niños de educación básica. El acoso puede ser verbal, social o físico, incluyendo amenazas, humillación pública y exclusión, con el fin de controlar y lastimar a otros.

“Durante la prepa nunca me hicieron nada a mí sola, pero cuando estaba con mi novia nos señalaban y se reían, criticaban a nuestras amigas por llevarse con nosotras como si se les fuera a pegar o algo. Una vez íbamos saliendo juntas del baño y un tipo atrás de nosotras empezó a decirle a sus amigos: ¡qué pinche asco, hasta van de la mano!” (Selvya, 18 años).

“En la prepa estaba dentro de la liga de futbol y mis compañeros se burlaban de mí, decían: ‘ahí viene la marimacha, háganse a un lado’. También se burlaban del resto de mis compañeras del equipo y a raíz de eso yo oculté que era lesbiana” (Mariela, 26 años).

En 2010, la Encuesta Nacional sobre Discriminación y algunas otras estadísticas de la SEP revelaron que los jóvenes del rango de edad de bachillerato son quienes más reconocen la diversidad, pero no necesariamente la respetan. Y el 52% de los adolescentes no estarían dispuestos a compartir el salón de clases con una persona homosexual.

En mayo de 2012 se realizó la primera Encuesta Nacional sobre Bullying Homofóbico, la cual arrojó que 56% de los encuestados sufrió más acoso en el nivel de secundaria. En el 77% de los casos el tipo de acoso refiere señalamientos y exhibición.

“En secundaria tenía una pareja pero ocultábamos la relación. Se dieron cuenta porque nos besamos en la escuela, sólo nos vio una profesora de química pero ella difundió la noticia. Los compañeros nos decían ‘maricones, putos, jotos’. Varios nos dejaron de hablar y uno intentó golpearnos. Algunos profesores le pidieron a la directora que nos corriera porque dábamos mala imagen. Sin embargo, una profesora de historia, antropóloga del INAH y que le daba prestigio a la escuela, intercedió a nuestro favor. Los compañeros nos dejaron de molestar y ya no se habló de corrernos. Todo eso me ayudó a salir del clóset porque me di cuenta de que el origen del problema fue que quise mantenerlo en secreto, entonces después pensé que si era más abierto respecto a mi orientación sexual y no lo negaba, pues las cosas ya no me iban a explotar en la cara como esa vez” (Pedro, 20 años).

Una investigación realizada por la UNICEF en 2011 revela que las víctimas del bullying pueden llegar a desear ya no asistir más a la escuela por temor a que las agresiones se repitan. Mientras que a largo plazo, las consecuencias del acoso escolar incluyen dificultades para relacionarse socialmente en nuevos ambientes y confiar en los demás, lo que a su vez desembocará en una tendencia al aislamiento, tener baja autoestima y continuar siendo vulnerables a nuevas experiencias de acoso, incluso ya en la vida adulta, permeando en el área laboral y las relaciones de pareja. Además, según dicha investigación, la víctima podría posteriormente convertirse en victimario al naturalizar y justificar los usos de la violencia.

“Cuando iba en primer año de primaria unos compañeros me decían maricón porque jugaba basquetbol y no me gusta el futbol. No dije nada porque me daba miedo que mis papás se enteraran que era gay. Dejaron de molestarme cuando estaba en quinto año, ya que conocí a un amigo que me defendía. Además llegó un compañero nuevo que era más obvio que yo y dejaron de molestarme a mí para molestarlo a él porque jugaba con barbies. En la secundaria aprendí a defenderme, a veces con golpes y otras insultándolos por sus defectos físicos” (testimonio anónimo, 22 años).

Profesores, los otros victimarios

“M” (quien prefiere mantenerse en el anonimato) tiene 15 años y hace un año, cursando el segundo grado de secundaria, sufrió bullying homofóbico por parte de una de sus profesoras.

“Estaba en segundo de secundaria cuando una maestra se dio cuenta de la relación que tenía con una de mis compañeras. Ella era mi novia. En general regañaba a todo el grupo, pero cuando nos tocaba a nosotras nos decía que ya estaba harta de la mancuerna que hacíamos y que no era tonta, que ya sabía lo que estábamos haciendo. Después nos prohibió tomarnos de la mano y estar juntas durante los recesos”.

En todos los casos en los que la profesora hizo ese tipo de comentarios discriminatorios, ni el grupo ni la pareja decían nada. La única ocasión que las abordó a solas, ellas decidieron negar que estaban saliendo.

“No dijimos nada porque nuestros papás todavía no sabían, hasta que la mamá de mi novia un día llegó por ella a la escuela y esta profesora aprovechó para contarle. Entonces sus papás le prohibieron salir conmigo. A mí ya me tenía nerviosa todo el tiempo, pero ese dolor me hizo crecer. Aunque debo admitir que hubo un momento en el que ya no sentía ganas de nada, pensaba que todo iba a lo mismo, a ser maltratada”.

Además del acoso directo hacia sus alumnas, la profesora solía hacer constantes ataques en contra de la homosexualidad en general durante sus clases.

“Decía que era asqueroso ver cómo muy descaradamente las parejas de gays se besaban en público, que eso no se debía hacer y que, encima de todo, eran unos y unas todos prietos”.

Para “M”, enterarse de las marchas y manifestaciones alrededor de la muerte de Agnes Torres fue un motivo para detener por su propia cuenta el acoso que estaba viviendo.

“Cuando me enteré de la muerte de Agnes, aunque no la conocí, me indigné con la actitud de la maestra y me fui dando cuenta de que lo que yo siento no es malo. Esa profesora daba clase de cívica y ética y nos dejó una exposición por equipos y ella asignó los temas. A nosotros nos tocó sobre Derechos Humanos y, como yo iba a dar las conclusiones, las centré a los problemas que coartan los derechos como el racismo, la exclusión por condición económica y la homo, lesbo y transfobia. Se quedó fría”.

Finalmente, el acoso cesó y meses antes de su graduación, aquella profesora se disculpó en privado con “M”.

Bullying hacia una persona trans

A finales de abril de este año, la Cámara de Diputados aprobó reformas a la Ley General de Educación para prevenir bullying y brindar la atención necesaria a los alumnos afectados por ese problema. Sin embargo, la mayoría de los casos sigue sin denunciarse.

En el caso del acoso escolar contra personas trans, la Encuesta Nacional sobre Bullying Homofóbico sólo ha revelado que un 66% del total de las personas trans encuestadas ha sufrido bullying, contra un 50% del total de mujeres lesbianas y un 74% del total de hombres gay.

Ceo es un hombre trans, tiene 20 años y es estudiante en la licenciatura en psicología.

“Ah, la secundaria”, suspira y sonríe un tanto sarcástico.

En la secundaria, Ceo aún no asumía su condición como transgénero ni tampoco su orientación sexual.

“En la secundaria ya entendía los insultos. De hecho, eso me causó conflictos conmigo mismo, tuve homofobia internalizada bien intensa, no quería saber absolutamente nada de nada que tuviera que ver con cosas no heterosexuales. Tuve mis etapas de apegarme mucho a la norma y vestirme como niña, pero nunca duraban, me decía: “¡o sea, no te hagas!” Incluso había quienes decían que aunque la mona se vista de seda, mona se queda, y siempre va a ser la machorra que conocemos”.

Ceo pasó la secundaría entre insultos, empujones y la exclusión dentro de los grupos de los que formaba parte, como en la banda de guerra, donde era ignorado por un compañero cuando tenía que explicarle algo. La persona encargada de dirigir la banda se dio cuenta de lo sucedido y regañó al compañero de Ceo, lo que provocó que posteriormente las agresiones aumentaran a nivel físico. Y aunque Ceo estuvo a punto de responder con golpes a esos ataques, nunca lo denunció con los profesores o con su familia.

“Me ponían de todos los apodos habidos y por haber. Uno que la verdad ahora que lo pienso me da bastante risa es el de Mamá Lucha, pero en ese momento pues no fue tan gracioso”.

En su lucha interna contra aquello que no sabía definir aún, pero que sabía que no era “normal”, Ceo también practicó la homofobia.

“Alguna vez sí discriminé, bueno, muchas, pero no hacia alguien en específico sino a la situación. Decía: ay, no, ve esos maricas, corre, no se te vaya a pegar”.

Cuando entró a la preparatoria, Ceo creyó que toda esa situación había terminado. Conoció a un chico homosexual que se hizo su amigo y con sus anécdotas le ayudó a quitarse aquella homofobia interna y a empezar a vivir y definir su vida de manera más libre.

“El principal problema fue cuando entré a segundo. Los chavos empezaron a hacer gestos y sonidos de asco cuando pasaba cerca de ellos. Era una bolita como de 10 u 11 más o menos, algunos que ni siquiera iban en mi salón y que yo ni conocía”.

Ceo cree que empezaron a acosarlo de nuevo cuando se asumió como bisexual.

“Luego inventaron un jueguito. Al principio no me di cuenta, hasta que me dijo una amiga y ya me di cuenta en la entrega de un trabajo porque estábamos calificándonos. Cerca del escritorio, los primeros en calificar salían primero, entonces todos corren como abejas al panal y cuando yo me acerco todos se abren. Y yo dije, pues qué chingón, ya me califiqué, se me ocurrió tocar a alguien y todos haciendo ¡uh, te tocó! Una vez que eres consciente de lo que hacen pues es mucho más fácil notarlo. En educación física me esquivaban como si fuera un poste y no faltó a quien casualmente se le iban las pelotas contra mi cara”.

Ceo se vio obligado a cambiar de grupo donde tomaba karate por razones parecidas. En especial, uno de sus compañeros del grupo le atacaba de manera fuerte durante los entrenamientos.

“Sólo teníamos que marcar golpes pero él me golpeaba muy fuerte, entonces me decía: ¿qué pasó, no que muy valiente, no que muy fuerte? Pues no te dobles, ¿qué eres?, ¿estudias ballet o karate? Esa frase de hecho era típica en ese grupo”.

Mientras estaba con amigos o incluso frente a sus agresores, Ceo se mostraba indiferente, como ignorándolos, pero confiesa que en soledad no entendía lo que pasaba.

“Me molestaba mucho y además me sacaba de onda, pensaba: ¿tan malo es ser diferente?”.

Actualmente, Ceo vive su identidad trans sin preocuparse por el acoso en la escuela, pues desde que entró a la universidad ese tipo de agresiones no se ha repetido. También, siendo estudiante de psicología y después de haber vivido bullying durante ese largo periodo de su vida, propone algunas cosas respecto al tema.

“Considero que deberían hablarle a los niños del tema como tal, pues muchas veces en sus casa les empiezan a enseñar esas cosas de ‘tú eres machito y los machitos no lloran’, cosas como esa, y pues en las escuelas no hay nada que contrarreste eso. Se supone que hay una ley de antidiscriminación pero no se hace nada en las escuelas sobre eso y obviamente en las primarias nunca habla de homosexualidad. Alguna vez intenté llevar un proyecto de educación sexual para las escuelas como un trabajo en la preparatoria pero no les interesa, tienes que hacer muchos protocolos y luego hay que preguntarle a los comités de padres de familia y nadie quiere”.

Consecuencias del bullying. La carga de ser diferente: homofobia en las aulas

En en nuestro post La carga de ser diferente: Homofobia en las aulas, hacíamos referencia al ultimo estudio presentado por COGAM: Homofobia en las aulas: ¿Educamos en la diversidad afectivo sexual?, en el que se exponían los principales actos discriminatorios y de odio, que, cada día, sufren los jóvenes LGB (lesbianas, gais y bisexuales) en los entornos educativos, dónde, el 90% del alumnado de secundaria percibe homofobia y bifobia.

Los prejuicios generan comportamientos lgtbófobos que incluyen con frecuencia agresiones físicas y producen sensación general de discriminación.

Esta situación genera miedo a las agresiones y al rechazo, bien por serLGTB o por temer el contagio del estigma en caso de defender a un alumno/aLGTB. A mayor homofobia, menor visibilidad y posibilidad de que los adolescentesLGB vivan su orientación en igualdad de condiciones. Una menor homofobia no hará que aumente el número de alumnos LGB, lo único que sucederá es que serán más visibles, libres y felices.

Pero qué pasa con esos niños y adolescentes que sufren, ven y llevan acabo bullying, cuáles son las principales consecuencias que pueden sufrir siendo niños y, en un futuro, en su vida adulta.

¿Cuáles son las consecuencias del bullying?

El bullying, acoso o intimidación puede afectar a todos, los que son intimidados, los que intimidan, y aquellos que son testigos de la intimidación; y pueden afectar en el presente y en el futuro a corto o largo plazo.

La intimidación está vinculada a muchos resultados negativos, incluyendo un fuerte impacto en la salud mental, el abuso de sustancias y el suicidio. Es importante hablar con los niños para determinar si la intimidación o alguna otra situación es una preocupación para ellos.

Los niños y jovenes que son acosados pueden experimentar problemas negativos en ámbitos como el físico, su desarrollo personal, la escuela y su salud mental. Además, son más propensos a experimentar:

  • Depresión y ansiedad, aumento en los sentimientos de tristeza y soledad, cambios en los patrones de sueño y alimentación y pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba. Estos problemas pueden persistir hasta la edad adulta. En los jóvenes LGBT este estado se puede ver acrecentado por la falta de apoyo, tanto de la familia de origen como de profesores , de conocidos e incluso en programas y series de televisión que no reflejan la realidad de una diversidadsexual y una identidad de género que no concuerde con lo establecido por una sociedad convencional heteropatriarcal.
  • Baja autoestima. Cuando una persona se mira al espejo y ve reflejado algo horrible, porque no se gusta. Dónde se dice por qué es distinto a los otros, dónde los esteriotipos de genero pesan como una gran losa y se identifican con comportamientos erróneos para exagerar o tapar su identidad sexual.
  • Perdida de interés por la escuela. El rendimiento baja de forma considerable porque sus pensamientos están en cómo evitar que hoy le digan o hagan algo y no en el desarrollo académico. Es muy probable que pierdan un año, que no asistan a la escuela o que la abandonen.
  • Trastornos emocionales. Aparece cuando el joven o el niño pasa del reir a llorar sin ser congruente. Lo que hace, dice, siente y piensa no coinciden.
  • Problemas psicosomáticos asociados a la salud fisica. Los efectos físicos producidos por trastornos de la mente o el estado de ánimo. Es decir, si se siente mal por dentro, se puede comenzar a sentir mal por fuera.
  • Pensamientos suicidas. Las fantasías de dar por concluida la maravillosa experiencia de vivir a causa del daño o los problemas que sientes que hay en la vida. Es cuando ya no se ven opciones para solucionar tus problemas.
  • Pensamientos vengativos de acción violenta.  Un número muy pequeño de jovenes intimidados podría tomar represalias con medidas extremadamente violentas. Todos conocemos los casos de jóvenes universitarios americanos atacando alumnos y profesores con armas de fuego. En doce de cada quince casos de tiroteos en las escuelas en las ultimas decadas, los tiradores tenían un historial de ser intimidados por otros estudiantes.
  • Fobias de difícil solución. Cuando hay un miedo por el agua, por salir, por estar en lugares cerrados… Esto es consecuencia de haber vivido una pésima experiencia, que te lleva a sentir un miedo incontrolable al estar en alguna situación normal.
  • La relación entre el acoso y el suicidio. Los informes de prensa a menudo relacionan la intimidación con el suicidio. Aunque los niños que sufren bullying están en riesgo de suicidio, el acoso por sí solo no es la causa. Muchas otras situaciones contribuyen al riesgo de suicidio, incluyendo la depresión, problemas en casa, y la historia de trauma (físico o psicológico). Además, hay grupos específicos que tienen un mayor riesgo de suicidio,entre ellos, la juventud lesbiana, gay, bisexual y transgénero.
  • Actitudes pasivas. Estos jóvenes LGTB pueden llegar a demostrar una total apatía por todo. Parece que nada les importa y se cubren con un escudo de indiferencia ante la vida.

Pero también estos niños crecen y pueden presentar consecuencias en su vida adulta. Según un estudio del King College de Londres, (referencia del estudio)los niños que fueron intimidados pueden experimentar efectos negativos en su salud física y mental hasta cuarenta años después del acoso. La investigación siguió a 7.771 personas nacidas en 1958 a partir de los siete años y hasta los cincuenta. Aquellos que sufrieron bullying cuando eran niños, tenían un mayor riesgo de depresión, falta de autoestima y ansiedad, y más probabilidades de llevar una peor calidad de vida a los cincuenta años.

Para recopilar los datos, los expertos preguntaron a los padres de los menores de la investigación si su hijo había sido intimidado entre los siete y once años. Más de una cuarta parte dijeron que habían sido acosados de vez en cuando, y el 15% intimidado con frecuencia. Los investigadores realizaron pruebas en estos menores para ver si los conocidos efectos  de la intimidación persisten en la adultez. Los individuos fueron evaluados en trastornos psicológicos y de salud en general entre los veintitrés y los cincuenta años, por problemas psiquiátricos a los cuarenta y cinco, y por el funcionamiento cognitivo, relaciones sociales y el bienestar, a los cincuenta.El estudio encontró que aquellos que fueron intimidados en la infancia eran más propensos a tener una peor salud física y mental y un menor funcionamiento cognitivo en los cincuenta. Los que fueron intimidados con frecuencia eran más propensos a estar deprimidos y tener pensamientos suicidas.

También hubo consecuencias sociales y económicas a la intimidación de la niñez. Quienes sufrieron bullying eran más propensos a tener menor educación, y más probabilidades de estar desempleados y ganar menos.

Las relaciones sociales también se vieron afectadas, pues las víctimas de acoso tenían menos probabilidades de tener una relación amorosa, y menos amigos y familiares a los cincuenta años.

El estudio dijo que el efecto nocivo de la intimidación se mantuvo incluso cuando se tomaron en cuenta otros factores, tales como cociente intelectual (CI) infantil, problemas emocionales y de comportamiento y el nivel socioeconómico de los padres.

¿Y qué pasa con los niños que acosan a otros? 

Los niños que intimidan a otros también pueden involucrarse en actividades violentas y otras situaciones de riesgo en la edad adulta. La mayoría de estos niños vienen con la lección aprendida de casa, donde una familia rechaza constantemente a personas LGBT, seguramente influenciadas por prejuicios ante una vida sexual diferente a la suya y a la falsa creencia de un posible acoso sexual por parte del colectivo LGBT a personas rectas y serías (no olvidemos que gay es alegre en ingles).

Los niños que intimidan son más propensos a:

  • Involucrarse en peleas, actos de vandalismo, y abandonar la escuela.
  • Abusar del alcohol y otras drogas en la adolescencia y en la edad adulta.
  • Participar en actividades sexuales sin protección o no consentidas.
  • Tener antecedentes penales en la edad adulta.
  • Ser abusivo hacia sus parejas e hijos en la edad adulta.

¿Y con los jóvenes y niños que observan la intimidación? 

Los jóvenes y niños que se quedan observando impasibles y, a veces, jaleando este tipo de comportamientos de intimidación. Agravado, en los últimos años, con la posibilidad de grabar esos episodios de vejación y subirlos a las redes sociales, provocando consecuencias más perjudiciales a nivel social y emocional del menor acosado. Lo que convierte a estos observadores en otro tipo de acosadores tan peligrosos como los anteriores.

Emma-Jane Cross, fundadora de Beatbullying, una organización internacional para prevenir el acoso escolar, dijo que los jóvenes enfrentan ahora aún mayores amenazas de acoso cibernético y el trolling, por lo que pide más acción. Sólo podemos asumir que las consecuencias de la intimidación podría ser aún más perjudicial para las generaciones futuras. Necesitamos una revisión urgente de cómo se aborda el acoso y el ciberacoso y asegurar que los niños que son intimidados reciben el apoyo que desesperadamente necesitan.

Estos niños on más propensos a:

  • Aumentar el consumo de tabaco, alcohol u otras drogas.
  • Aumenta la incidencia de problemas de salud mental, como depresión y ansiedad.
  • Abandonar o faltar a la escuela.
  • Ser adultos sin valores propios que se dejan llevar por la opinión de otros.

Desde Apoyo Positivo volvemos a resaltar la importancia de que todos trabajemos por garantizar espacios educativos diversos y respetuosos donde nuestros jóvenes puedan desarrollar todo su potencial y crezcan de forma saludable.

Reivindiquemos entre todos la inclusión de la educación afectivo-sexual en las aulas y programas que potencien las diferencias de nuestros jóvenes y futuras generaciones. Con programas transversales como eldance4life, hasta que se apruebe una ley de educación afectivo-sexual integral en el sistema educativo, podemos acercar la información necesaria para que nuestros jóvenes puedan ser ellos y ellas mismos y no sufrir ninguna de esta consecuencias que lamentamos y que acarrean algunos de los mayores problemas sociales que manejamos.

En nuestro empeño está que las actitudes de bullying, y esos agresores, tengan los días contados. NO a la violencia ni el acoso.

La LGTBfobia, relacionada con personalidades disfuncionales

Los elementos que predispondrían para la aversión contra homosexuales serían el psicoticismo (un rasgo de la personalidad vinculado a delirios, aislamiento, hostilidad e ira) y los mecanismos de defensa inmaduros.

La investigación realizada por un equipo de científicos italianos arrojó una “asociación notable entre los aspectos disfuncionales de la personalidad y las actitudes homofóbicas”.

“La homofobia es un fenómeno descrito extensamente de diversos puntos de vista sociocultural, pero las características intrapsíquicas o patológicas de la personalidad no se han explorado exhaustivamente”, explicó Emmanuele A. Jannini, uno de los autores de la investigación en un comunicado de prensa. “Después de discutir durante siglos si la homosexualidad se considera una enfermedad, por primera vez, hemos demostrado que la verdadera enfermedad que se cura es la homofobia, asociado con psicopatologías potencialmente graves”.

“Hasta donde sabemos, este es el primer estudio que evalúa tanto el perfil psicológico y psicopatológico que podría tener un rol predictivo en el desarrollo de la homofobia”, destacó Jannini.

“Nuestro estudio sigue un asunto controversial en cuanto a considerar la homofobia como un posible desorden mental y eso también discute las posibles implicaciones clínicas que cruzan inevitablemente al área de la psiquiatría epistemológica”, señalan los investigadores en sus conclusiones.

“Por lo tanto, conocer y evaluar la relación entre la psicopatología y la homofobia es un reto fundamental para prevenir el estigma hacia la homosexualidad”, sentenciaron.

Estudio sobre el bullying LGTB

En las aulas poco y nada se sabe sobre orientación sexual e identidad de género, pese a que la gran mayoría ha conocido al menos a un gay, una lesbiana, o una persona transgénero. Más del 40 por ciento de la comunicad escolar ha sabido de al menos un caso de discriminación. Estudio fue lanzado en encuentro internacional de profesores.

La primera investigación sobre discriminación a las minorías sexuales en las aulas desarrollada en Chile por el movimiento de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (LGBT)  fue lanzada hoy con el patrocinio del Colegio de Profesores y la Internacional de Educación.

Se trata de del estudio  “Prejuicios y conocimientos sobre la orientación sexual y la identidad de género en establecimientos educacionales municipalizados de la Región Metropolitana”, basado en 137 encuestas y nueve grupos focales aplicados a docentes, estudiantes y apoderados de diversas comunas.

La investigación de tipo cualitativa-cuantitativa; elaborada por el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) con el auspicio de la Cooperación Extremeña de España y la colaboración de la Fundación Triángulo; indagó sobre los prejuicios, mitos, derechos, niveles de discriminación y de abordaje de la homosexualidad en las aulas, siendo además pionero en consultar sobre las percepciones y conocimientos de chilenos y chilenas en torno a la transexualidad.

“Nunca antes se había consultado sobre la transexualidad, pues todos los estudios previos pensaban erróneamente que el medir los niveles de homofobia era igual a considerarnos, es decir, no apreciaban diferencias entre homosexualidad o transexualidad. Eso cambia desde ahora”, aputó la activista trans del Movilh, Karin Avaria.

Entre los datos más significativos del estudio destaca el hecho de que la comunidad educativa considera, como conjunto, que la homosexualidad y la transexualidad poco y nada se debaten en las aulas y que, como consecuencia, un importante porcentaje no sabe como abordar estas realidades.

Lo anterior, aún cuando una mayoría ha conocido a un persona LGBT y una parte importante ha sido testigo de casos de discriminación basados en la orientación sexual o el género que han afectado tanto a docentes como a estudiantes.     También revela que la ignorancia sobre la transexualidad es mucho mayor que la de la homosexualidad.

El prejuicio más alto se vincula al identificar a la población LGTB como un grupo con mayor posibilidades de contraer enfermedades de transmisión sexual, en especial del Sida,  que el resto de las personas, mientras que a nivel de derechos se registra una alta disponibilidad para la igualdad social y legal de las minorías sexuales.

El estudio fue presentado hoy en el “Segundo Encuentro Internacional de Diversidad Sexual y de Género” desarrollado por la IE en Guatemala, donde se concluyó “la necesidad de implementar desde las aulas una educación en sexualidad vinculada al respeto a los derechos humanos y que visibilice y oriente sin prejuicios sobre las diversas expresiones de la afectividad”, apuntó desde ese país el presidente del Movilh, Rolando Jiménez.

LAS AULAS

Con un nivel de confianza del 95 por ciento y un margen de error de +-4,2 por ciento, el estudio arrojó que el 79 por ciento de los estudiantes, el 70 por ciento de los docentes y el 92 por ciento de los apoderados considera que la homosexualidad y la transexualidad son temas que poco y nada se abordan en las aulas, mientras que el 77 por ciento, el 95 por ciento y el 92 por ciento, en forma respectiva, piensa que el conocimiento sobre la homosexualidad y la transexualidad en los liceos es “poco” o “nulo”.

Como consecuencia, la mayoría de los estudiantes (63 por ciento) no se sienten preparados o no sabrían como enfrentar el tema de la homosexualidad o la transexualidad en caso de ser necesario, al igual que los apoderados (54 por ciento). En tanto, el 40 por ciento de los docentes atraviesa por igual problema.

La situación fue calificada de “lamentable” por el Movilh, por cuanto la población LGTB está presente en todos los espacios, no encontrando orientación o ayuda sobre su orientación en el mundo educacional.

Así es como el 90 por ciento de los docentes y el 71 de los estudiantes ha conocido al menos a un o una estudiante o profesor/a  homosexual o transexual. En tanto, el 40 por ciento de los estudiantes, el 55 por ciento de los profesores y el 31 por ciento de los apoderados ha conocido  al menos a una persona que ha sido discriminada en las aulas en razón de su orientación sexual o identidad de género.

PERCEPCIONES Y PREJUICIOS

Un dato interesante es que el 80 por ciento de los estudiantes, el 100 por ciento de los docentes y el 92 por ciento de los apoderados no consideran que la homosexualidad y la transexualidad sean un pecado.

En términos mayoritarios no se aprecia además que las relaciones sociales con personas homosexuales o transexuales signifiquen que otros variarán su orientación sexual o identidad de género.

Así es como  el 71 por ciento de los estudiantes, el 85 por ciento de los profesores y el 85 por ciento de los apoderados considera que tener “un mejor amigo” gay, lesbiana, bisexual o transexual no influirá en la orientación sexual o identidad de género del otro o la otra.

El prejuicio más alto se relaciona con las conductas sexuales de riego, pues  el 84 por ciento de los estudiantes, el 77 de los apoderados y el 52 por ciento de los profesionales de la educación no sabe o piensa que homosexuales y transexuales tienen más posibilidades de adquirir enfermedades de transmisión sexual (en especial el Sida), que los heterosexuales.

Como consecuencia, un bajo 18 por ciento de los estudiantes, un 76 por ciento de los profesionales de la educación y un 54 por ciento de los apoderados descarta que transexuales y homosexuales sean más promiscuos que el resto de las personas.  El resto piensa que sí o no sabe si ello es efectivo.

TRANSEXUALIDAD Y HOMOSEXUALIDAD

El 80 por ciento de los estudiantes, el 100 por ciento de los docentes y el 77 por ciento descarta que la homosexualidad sea una enfermedad, sin embargo, el conocimiento es frágil cuando la misma consulta se hace con mayor nivel de complejidad.

En efecto, la idea de que la homosexualidad o la transexualidad pueden ser curables o modificables es alta, toda vez que el 57 por ciento de los/as estudiantes; el 24 por ciento de los docentes y el 30 por ciento de los apoderados así lo estiman y/o no saben si eso es posible, aún cuando mayoritariamente no creen que sea una patología.

La ignorancia en torno a la transexualidad es mayoritaria en apoderados y estudiantes  mientras que a nivel docente es alta, pues el 85%, el 76 por ciento y el 43 por ciento, en forma respectiva, dice  no tener claro que es esa identidad de género.

En cambio, en relación a la homosexualidad, el  73 por ciento de los estudiantes, el 91 por ciento de los docentes y el 62 por ciento de los apoderados, dice tener “muy claro” su significado.

La baja percepción de tener “muy claro” que es la transexualidad es más aguda  frente a preguntas más específicas.

Ello por cuanto el 89 por ciento de los estudiantes, el 52 por ciento de los profesionales de la educación y el 77 por ciento de los apoderados no sabe y/o piensa que “la única diferencia” entre transexuales, gays, y lesbianas, es que el primer sector se viste con ropas distintas al sexo indicado por el cuerpo y/o genitales de nacimiento, puntualizó el estudio que será utilizado para la elaborar nuevas propuestas antidiscriminatorias en el futuro, en el marco de acciones conjuntas entre el Colegio de Profesores, la Internacional de Educación, la Fundación Triángulo, la Cooperación Extremeña y el Movilh.

El bullying por LGTBfobia debe salir del armario

Aunque algunas directivas y docentes de instituciones educativas colombianas, insistan en que el bullying por homofobia no existe o no merece especial atención, en la práctica es una realidad que reporta graves consecuencias.

El ascensor se abrió en una de las salas de exposición. Al frente, a unos pocos pasos estaba el artista colombiano Carlos Motta. Leía en voz alta un fragmento del libro Close to the Knives(Cerca a los cuchillos), del artista estadounidense David Wojnarowicz. 45 personas lo escuchaban.

Cuando Carlos reconoció al hombre que salía del ascensor para integrarse a los espectadores, quedó petrificado. Hacía 17 años no lo veía, nunca imaginó encontrárselo en ese lugar y, mucho menos, en medio de esa lectura.

Se trataba de un ex compañero de colegio que participó en el bullying del que Carlos fue víctima durante su vida escolar. Fueron las burlas de él y sus amigos, las que lo llevaron a refugiarse durante sus años de adolescencia en el libro que justamente leía en ese momento.

La escena tuvo lugar en 2012, en el New Museum en Nueva York, ciudad en la que Carlos está radicado desde hace 17 años, cuando se graduó como bachiller en Bogotá. Lleva algunos años trabajando en proyectos artísticos relacionados con orientaciones sexuales e identidades de género y, la lectura que hacía formaba parte de uno titulado: Nosotros que sentimos diferente.

Carlos recuerda el colegio como una pesadilla. Nunca le gustó el fútbol, prefería la gimnasia olímpica y saltar lazo y pasaba más tiempo con las niñas que con los niños. Y esos eran motivos suficientes para que otros estudiantes lo percibieran como un “desertor de la masculinidad heterosexual” que merecía ser sancionado.

“A los 12 o 13 años tuve muy claro que mi orientación sexual no era heterosexual y fui víctima de discriminación, agresiones verbales y de calificativos como ‘marica’, por parte de alumnos de cursos superiores, generalmente los ‘machitos’ del colegio”.

Jamás reaccionó a los insultos. Era como si no los escuchara, aunque esto no significa que no tuvieran un impacto importante en su vida. “Influyeron de una manera muy profunda. Si no hubiera tenido esa presión, seguramente habría sido bailarían, pero por temor a una mayor sanción, nunca me permití tomar clases de baile”, afirma Carlos.

Tenía miedo de ir al colegio, de salir a recreo, de pasar por ciertas esquinas o pasillos donde sabía estaría ‘el grupito’ atento a molestarlo. “A veces pienso que las personas que me hicieronbullying creen que eso no fue grave. Yo he desarrollado una profesión pública, soy el centro en ciertas inauguraciones y exposiciones y en ocasiones las he visto diciendo con orgullo: ‘yo estudié con Carlos en el colegio’, olvidando que fueron el terror de mi vida”.

El acoso a la diferencia

Carlos Motta fue víctima de lo que algunos psicólogos e investigadores llaman bullyinghomofóbico. Según el libro Cómo entender y detener el bullying y cyberbullying en la escuela de Cléo Fante, la palabra bullying, también conocida como acoso, hostigamiento e intimidación, se refiere a situaciones donde uno o varios estudiantes, adoptan intencionalmente comportamientos agresivos y repetitivos contra otro(s) que están en desventaja de fuerza o de poder.

Enrique Chaux, investigador en prevención de bullying, explica en el libro Educación, convivencia y agresión escolar que la intimidación escolar se caracteriza por agresión permanente contra la misma persona, ausencia de razones que justifiquen los ataques, intención del autor en causarle daño y en ponerla en situación de inferioridad y desequilibrio de poder entre las partes.

“Este desequilibrio puede darse porque quien es víctima tiene pocos o ningún amigo, es nuevo en la clase, es menor, más pequeño, tiene más baja autoestima o es más débil por cualquier otra razón”, señala Chaux. Las acciones son premeditadas, especialmente contra aquellos que son considerados “diferentes”, bien sea por su aspecto físico o psicológico o por su manera de ser, vestir, hablar…

Para Andrés Felipe Castelar, integrante del Grupo de Estudios en Género de la Universidad ICESI de Cali, la intimidación escolar es una forma de forzar a una persona a encajar en una única manera de ser hombre o de ser mujer. “Por eso suele tener como víctimas a los estudiantes gordos, negros, afeminados o los que se salen de los parámetros de perfección esperados por la sociedad”.

Existe la idea de que todas las personas deben ser iguales y que las diferencias entre unas y otras son una amenaza. La base de esa “igualdad” radica en que lo correcto es ser de piel blanca y heterosexual y estar dispuestos a formar una familia conformada por papá, mamá e hijos.

Sin embargo, no por ser diferente a la mayoría, una persona necesariamente será víctima debullying. Según Fante, los agresores prefieren atacar a los estudiantes que no ofrecen resistencia como los inseguros, ansiosos, temerosos, retraídos o con dificultades para relacionarse o defenderse.

La víctima, agrega Chaux, tiene poco poder frente a los intimidadores, suele estar sola en los ataques y vive situaciones humillantes al ser nombrada con apodos peyorativos y al convertirse en centro de burlas, persecuciones o calumnias. Por el contrario, quienes intimidan tienden a ser muy populares en el grupo.

El acoso escolar es un fenómeno grupal. Christina Salmivalli, profesora de la Universidad de Turku en Finlandia, identificó seis roles que desempeñan los estudiantes en la intimidación:víctimas (sufren la intimidación); intimidadores líderes (la inician y la lideran); asistentes(ayudan al líder participando); reforzadores (refuerzan la intimidación al reírse o servir de audiencia); defensores (intervienen para frenar la intimidación) y externos (se alejan de la situación o no están presentes cuando ocurre).

“Es aconsejable evitar hablar de ‘acosador’, ‘víctima’ o ‘espectador’, sino del niño o niña que acosa, que es víctima o que es espectador. De lo contrario, se rotula a una persona sin darle la oportunidad de cambiar”, afirma  Natalia Cárdenas, docente de la Facultad de Psicología de la Universidad CES de Medellín.

Menú de intimidación

Chaux, por su parte, plantea los siguientes tipos de intimidación: física, se vale de puños, patadas, empujones o daños a objetos personales; verbal, se ponen apodos que molestan, se dicen groserías y hay burlas; relacional o indirecta, se excluye a la persona de los grupos o se le hace daño a través de rumores y, virtual o cyberbullying, se agrede a alguien por medios como Internet o teléfonos celulares. Muchas veces ocurre una combinación de formas.

En Colombia no hay estudios recientes que permitan establecer con precisión cómo está el país en materia de bullying escolar. Sin embargo, una encuesta realizada en 2009 a través de las pruebas estatales de calidad educativa SABER, en la que participaron 50.000 estudiantes de todos los departamentos, evidencia que el 29 por ciento de los alumnos de quinto grado y el 15 por ciento de los de noveno (cursos encuestados) fueron intimidados en los dos últimos meses.

También está claro que hay menos víctimas de acoso escolar en secundaria que en primaria, debido a que el fenómeno se focaliza en algunas personas, probablemente en las que los intimidadores perciben como más vulnerables.

Estudios llevados a cabo en la Universidad Javeriana de Cali que coinciden con los adelantados en otras ciudades, permiten señalar que la principal forma de intimidación es la agresión verbal, seguida de la exclusión y de la agresión física.

“Las mujeres se valen más de la intimidación social relacional o la exclusión, mientras que los hombres usan más la física. Son más los intimidadores hombres que las mujeres y los lugares donde con mayor frecuencia tiene lugar el bullying son en su orden: salones de clase, espacios de recreo o de actividades deportivas y lugares de poca visibilidad como baños o pasillos”, señala la psicóloga María Clara Cuevas, docente de la Universidad Javeriana de Cali.

En los colegios mixtos, las niñas tienen mayor capacidad para reforzar o detener la agresióncuando es llevada a cabo por niños. “Si la celebran, le echan más leña al fuego, pero si dicen ‘no me parece’, pueden frenarla”, afirma Carolina Piñeros, directora de la organización Red PaPaz.

El bullying puede ser identificado en los primeros años escolares, pero los casos empeoran a medida que aumenta el grado de escolaridad, alcanzando un pico en la adolescencia o entre los 11 y 15 años. “Su incidencia es mayor en los estudiantes de entre sexto y noveno grado”, dice Fante.

Ninguna novedad

La intimidación escolar no es un fenómeno nuevo, pero se ha convertido en tema de preocupación desde que la gente está más consciente de sus consecuencias (Ver recuadro). “A finales de la década de los 80 e inicios de los 90, se incrementaron en el mundo los estudios sobre este fenómeno”, asegura Fante.

Adicionalmente, desde hace más o menos tres años, los medios de comunicación empezaron a hacerlo más visible. El problema fue que esto vino de la mano de un uso indiscriminado del término y todo se convirtió en “matoneo”. Para María Clara Cuevas, lo más importante ahora es dejar de usar esta palabra, porque “matón” es un sicario y el niño que intimida no puede ser calificado de tal manera.

Poco a poco, se empezó a decir que docentes, papás, empleados, jefes… ¡Todo el mundo hacíabullying! Y como la palabra se convirtió en algo cotidiano, disminuyó la preocupación real sobre el tema. De ahí la importancia de tener claro que no cualquier agresión puede ser clasificada así.

La intimidación escolar es una forma de violencia que ocurre entre pares o entre estudiantes en el ambiente escolar y fuera de éste. No toda la violencia que tiene lugar en el colegio o entre estudiantes debe ser llamada de dicha forma. “Hay peleas o desacuerdos motivados por los conflictos que surgen en las relaciones interpersonales y eso no es bullying”, señala Fante.

Una de las causas más frecuentes pero menos visible por las que tiene lugar la intimidación escolar, es cuando un niño o una niña no cumple con los roles de género establecidos o con los comportamientos que la sociedad espera de un hombre y de una mujer. Es decir, cuando un niño no juega fútbol, es más amigo de las niñas que de los niños o cuando una niña se deja el pelo corto, no usa aretes y prefiere participar en actividades consideradas masculinas.

En ocasiones, la persona no es o no se ha reconocido como gay, lesbiana, bisexual o transgenerista (LGBT), aunque la intimidación también puede tener lugar cuando el estudiante se asume abiertamente como LGBT. A esta clase de acoso escolar se le conoce como bullyinghomofóbico.

Sin embargo, hay quienes no están de acuerdo con este nombre. Para María Mercedes Gómez, coordinadora regional para Latinoamérica y el Caribe de la International Gay and Lesbian Human Rights Commission (IGLHRC), las fobias vienen de un miedo irracional, mientras que estos casos no son muestra de una situación psicológica individual tratable como la fobia a las alturas. Esta clase de intimidación escolar es una extensión del prejuicio social (juzgar algo sin conocerlo) que existe frente a la diversidad sexual y de géneros.

El llamado bullying por homofobia es más difícil de detectar y de manejar que los demás, porque si un estudiante insulta a otro llamándolo “negro”, probablemente varios docentes o directivas de la institución intervendrán para decirle que eso está mal y que todas las razas merecen el mismo respeto.

Se lo buscó

No obstante, si es “marica”, la palabra utilizada para referirse a un niño que tiene comportamientos o ademanes considerados femeninos, menos personas frenarán la situación. En el fondo, existe una cierta aprobación o justificación a este tipo de agresiones. Carlos Motta, por ejemplo, recuerda que cuando fue víctima de bullying homofóbico nunca un profesor enfrentó a quienes ejercían las agresiones.

Por el contrario, algunas directivas de instituciones educativas, docentes, estudiantes y hasta padres de familia le dicen al estudiante que por no ser como los demás es que lo molestan. Lo responsabilizan de los ataques.

“Cuando en el colegio una persona sufría violencia física por este tipo de bullying se hablaba del tema, pero no desde la perspectiva de que un niño le pegó a otro porque asumió que era homosexual, sino desde lo negativa que resulta la violencia”,  recuerda Carlos.

Si normalmente el bullying pasa inadvertido para la mayoría de docentes, en estos casos es aún más frecuente: pocas veces tienen las herramientas y el interés de intervenir cuando a un niño le dicen “marica” o a una niña “machorra”.

Adicionalmente, los niños que son objeto de agresiones no acostumbran hablar de la situación con sus padres o profesores. Según Fante, los principales motivos por los que evitan abordar el tema son: la vergüenza que sienten por ser el centro de bromas de la escuela, temor a las represalias que puedan tomar los estudiantes intimidadores, creer que los adultos no los entenderán o que deben resolver solos la situación y no querer llevar más problemas a la familia o a los profesores.

Y con mayor razón, evitan tratarlo cuando han escuchado en su entorno que ser o parecer homosexual es un pecado, una enfermedad o una anormalidad. “Evidenciar que lo están molestando por eso no es nada fácil”, agrega José Fernando Mejía, director del Programa Aulas en Paz.

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