Mamá, yo no quiero tener pene, papá, yo no quiero tener vagina

¿Cómo deben actuar unos padres cuando su hija o hijo les dice que nacieron con un sexo distinto a lo que quieren ser?, ¿a qué edad se define nuestra sexualidad?. ¿Vestirse o comportarse con el género distinto al de nacimiento es un juego en la mente infantil o una determinación que marcará el resto de nuestra vida?. En RAGAP os hablamos de los casos más mediáticos de tres niñosDannan Tyler, Coy Mathis o Willow Smith. Los tres con historias muy parecidas: la naturaleza se equivocó con ellos y no se resignaban a aceptarlo. 

La situación es compleja y, en muchos casos, desborda a los padres que quieren ayudar a sus hijos y se sienten impotentes y desorientados. Dicen los expertos que los índices de transgénero fluctúan entre uno de cada 30.000 personas y uno de cada 10.000, según los diferentes estudios internacionales. Pero ahora la Unidad de Transexualidad e Identidad de Género del Hospital Carlos Haya de Málaga, pionera en España en la materia, pretende desvelar algunas incógnitas. Los profesionales de este prestigioso centro aseguran que sólo el 15% de los niños con disforia de género termina siendo transexual recomendando “no alentar los comportamientos de género cruzados”. Según los expertos malagueños, con la pubertad estos trastornos de identidad desaparecen. Realmente, ¿estas afirmaciones de investigadores con solvencia sirven para tranquilizar a los preocupados padres o para echar más leña al fuego?. 

Desde la Unidad de Transexualidad e Identidad de Género recomiendan prudencia y seguimiento porque, aseguran que, ‘aunque un niño desarrolle a edad temprana trastornos de identidad sexual,en todos los manuales de clasificación diagnóstica el transexualismo se identifica en la edad adulta’. Por lo menos así lo explica Juana Martínez Tudela, especialista en Psicología Clínica. Posiblemente más que aliviar, esta afirmación plantea muchas dudas y lagunas: ¿Cómo se protege al menor de posibles burlas e incluso agresiones en su entorno escolar?, ¿qué consecuencias psicológicas futuras le deparará a los menores está situación?, ¿y si nuestro hijo no puede soportar la presión y se plantea el suicidio por no ver otra alternativa?. ¿Tenemos que no hacer caso a nuestros hijos cuando nos plantean ir vestidos de chica cuando nacieron chicos o al contrario?, ¿lo debemos ver como un comportamiento normal?, ¿hay que seguir al pie de la letra lo que diga un manual o también se equivocó la OMS cuando en 1990 eliminó la homosexualidad del registro de enfermedades mentales?.

En RAGAP dábamos respuesta a la pregunta ¿Deben los profesores denunciar y aconsejar ante casos de buylling por LGBTfobia?. En su estudio “Acoso escolar homofóbico y riesgo de suicidio en adolescentes y jóvenes LGB” desarrollado por la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, FELGTB y la Asociación COGAM Madrid arrojaban un dato escalofriante: El buylling LGTBfóbico y el suicidio van de la mano.

En los doce años que lleva abierta la unidad malagueña de Transexualidad e Identidad de Género, sólo ha atendido a quince menores de doce años, lo que representa menos de un 10% de todos los pacientes que han pasado por sus consultas. Y de esos casos, que empezaron con 7, 8 y 9 años de edad, en cuatro casos, la disforia no ha remitido. Posiblemente no sean muchos pero existen y no se puede obviar la realidad porque posiblemente muchos más no se ponen en manos de los especialistas por desconocimiento, por vergüenza o por falta de educación. Para reforzar esta afirmación el centro malagueño recurre a estudios internacionales, que aseguran que el 85% de los niños diagnosticados de disforia de género en la infancia dejan de tener este trastorno cuando crecen. 

Las leyes españolas prohíben tratar a los menores ni a nivel médico ni mucho menos quirúrgico y ‘no todos los comportamientos de género cruzados tienen que asociarse a la transexualidad’ asegura la experta Juana Martínez. Está claro que hay que hacer diagnósticos diferenciados y personalizados porque cuando un adolescente mayor de edad empieza a hacerse el tratamiento hormonal y después cambia de opinión, sus consecuencias son irreversibles. Pero, ¿realmente son muchos los que dan marcha atrás?.

En las últimas semanas, los padres de varios menores han reclamado un trato adecuado en diferentes colegios de Andalucía. Uno de ellos en un centro público de la localidad onubense de La Zarza protagonizado por Jerónimo, una menor que nació chico pero que insiste en serLucía. Todas las historias de niños transexuales se parecen mucho. Rechazan sus genitales y piden ser tratados, insistentemente, en un género distinto al biológico desde una edad temprana. La prueba de que no es una vendetta es que los niños transexuales pasan por episodios depresivos hasta que empiezan a ser tratados por su género.

La Academia de Pediatría de Estados Unidos señala que la identidad de género se estabiliza entre los dos y cinco años. Los padres de Lucía saben bien a qué edad se tiene clara la identidad de género. A los tres años, la carta a los Reyes Magos de su hija pedía una varita mágica para hacer desaparecer su pene. Aquella escena los alertó. Dejaron ser a Lucía. Se ponía los tacones de mamá y su admirado traje de gitana. En casa era feliz y en la calle era Jerónimo. Salía a pasear por Isla Cristina (Huelva) con su carrito de muñeca y vestida con prendas unisex hasta que a los ocho años avisó a sus padres que, a partir del próximo curso, sería Lucía para el mundo entero.

En septiembre fue al colegio vestida de niña. Pasó todo el verano pensando con qué vestuario presentar en sociedad a Lucía. Su rendimiento académico ha mejorado, ha dejado de sentirse ridícula y ya no le asusta relacionarse con adolescentes de su edad. Su padre, un farmacéutico dispuesto a luchar por la felicidad de su hija, anuncia orgulloso que ya han comenzado los trámites para que desaparezca el nombre de Jerónimo de los documentos oficiales. Este simple trámite tiene en vilo a Lucía, es la única manera de evitar futuras discriminaciones o situaciones “tan dolorosas” como ver que las calificaciones de su hija son anotadas a Jerónimo en el tablón de anuncios del colegio.

A Manuela y Manuel, los padres orgullosos de Lucía, les preocupa la cercanía de la explosión hormonal de su hija. Quieren evitar a toda costa que se le agrave la voz y la aparición del vello corporal. Ansían que el Parlamento de Andalucía les ayude a proteger a su hija y apruebe la Ley Integral de Transexualidad que permitirá que la sanidad pública suministre los bloqueadores hormonales a estos niños y niñas. Un tratamiento reversible que suspende el desarrollo de caracteres secundarios hasta llegar a la mayoría de edad, edad legal para administrar las hormonas femeninas que asemejarán el físico de Lucía a su identidad de género. 

El amor y comprensión de los padres y madres es la mejor terapia hormonal de estos menores. No sentirse solos y verse reconocidos en el género correcto les está ayudando a no engrosar la concurrida lista de personas transexuales que piensan o intentan suicidarse durante la infancia.

Mar Cambrollé, presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía, denuncia que el 80% de los transexuales ha pensado en el suicidio y un 40% de ellos lo ha intentado al menos una vez. Esta histórica activista transexual afirma que estos niños forman parte de una “generación de amor” que no le obligan al “desarraigo familiar”, renunciar a los estudios yejercer la prostitución como única salida laboral. 

En la otra cara de la moneda está el caso de la menor del colegio San Patricio de Málagaperteneciente a la Fundación Diocesana Santa María de la Victoria, que depende del Obispado. Remedios Elías y Mario Giralde, los padres de la pequeña Patricia, habían reclamado al colegio que se respetaran los derechos de su hija transexual. Las firmas de cien padres y la dirección del centro se oponen a que la niña vaya vestida con falda y use los servicios femeninos porque nació chico. La unidad malagueña de Transexualidad e Identidad de Género mantienen esa misma postura ‘para evitarle rechazo social a la pequeña de seis años’. En el lado contrario está un informe de la Fiscalía de Violencia de Género y la Delegación Territorial de Educación que respaldan la postura de los padres a tratar a su hija como una niña.  ¿La menor de San Patricio es un niño o una niña?. Desde la unidad malagueña son tajantes: ‘El niño sufre un trastorno de identidad y es demasiado pronto para saber si es transexual, así que, hasta que no se demuestre lo contrario, biológicamente es un niño. Cuando sea mayor y si se somete a una cirugía, que es ya algo irreversible, hablaremos de una mujer, de una mujer transexual. Son los términos adecuados’. 

Parece mentira que en un centro dedicado a escuchar y tratar a personas que todos los días les plantean problemas asociados a su forma distinta de sentir sean tan insensibles ante esta realidad.

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