Phillip Parker, un chico estadounidense de 14 años, se ha quitado la vida. Phillip estaba siendo víctima de acoso escolar homofóbico en su instituto de Tennessee, un estado cuyo Senado votaba hace un año prohibir a las profesoras y a los profesores hacer mención de la homosexualidad en clase.
Los padres del chico, destrozados, han lamentado no haber sido plenamente conscientes del sufrimiento por el que su hijo estaba pasando, pese a que sí se habían quejado al instituto del acoso que sufría. “Debería haber notado que algo iba mal, pero parecía feliz”, declaró su madre, Gena Parker.
Al parecer, tras descubrir el cuerpo ahorcado del chico, sus padres encontraron una nota manuscrita en la que podía leerse “por favor, ayúdame mamá”. Su abuela, Ruby Harris, sí parecía tenerlo más claro. Según ha contado, el chico le dijo que sentía como si una gran piedra le oprimiera el pecho, y que lo único que deseaba era poder quitársela de encima y respirar.
La muerte de Phillip Parker se produce apenas mes y medio después de que otro adolescente gay de Tennessee, Jacob Rogers, se quitara la vida tras sufrir también acoso homofóbico, y pocos días después del suicidio de otros dos jóvenes tras años de sufrimiento por la misma causa: Jeffrey Fehr, de 18 años, y Eric James Borges, de 19 (este último, además, crecido en el seno de una familia cristiana fundamentalista que incluso intentó exorcizarlo). Estos son sólo algunos de los casos de suicidios entre adolescentes recogidos en los últimos años.

