Niñas y Niños y adolescentes discriminados por su orientación sexual en las aulas

Ya no se puede mirar hacia otro lado. Ahora ya tenemos cifras que ponen de manifiesto sin dudar lo que tantas veces hemos denunciado. El 32% del alumnado piensa que se discrimina a los alumnos con orientación sexual diferente a la heterosexual. Así lo demuestra la Investigación Homofobia en las Aulas: ¿educamos en la diversidad afectivo-sexual?, llevada a cabo por el Colectivo de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM), a través de encuestas realizadas a más de 5.200 alumnos de entre 12 y 17 años repartidos en 37 centros educativos de la Comunidad de Madrid. Se trata, por tanto, de una muestra lo suficientemente amplia como para que se empiece a abordar esta intolerable situación con la seriedad que merece.

Si bien es cierto que se ha conseguido mucho en los últimos años -matrimonio igualitario (2005), ley de identidad de género (2007), etc.-, lo cierto es que aún queda mucho por hacer para alcanzar la plena igualdad real de las personas homosexuales, transexuales y bisexuales. Esta es la principal conclusión que se deriva del estudio referido. La discriminación por orientación sexual e identidad de género sigue muy presente en nuestra sociedad, y, de manera singular, muchas veces dramática, en los centros educativos.

El estudio presentado en COGAM recientemente analiza siete dimensiones o variables de la homofobia: prejuicios, comportamiento homófobo, rechazo familiar, discriminación en el centro educativo, rechazo por parte de los compañeros, actitud del profesorado y agresiones físicas. Más del 90% del alumnado LGB percibe rechazo hacia la homosexualidad en al menos una de estas dimensiones.

Son muchos, en efecto, los alumnos que consideran que “las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo son reprobables”. De igual manera, son numerosos los alumnos que opinan que los homosexuales y bisexuales son “seres inferiores”, que no están capacitados para ocupar determinados puestos de trabajo, o que la transexualidad es una enfermedad. Como dato curioso, los varones bisexuales con progenitores de origen extranjero son los más susceptibles de ser víctimas de acoso de carácter homofóbico y, además, son quienes más rechazo experimentan.

Urge hacer frente a esta situación. La sociedad, los progenitores y, especialmente, los poderes públicos tienen que empezar a actuar para mostrar la realidad de esta comunidad, fomentando el respeto y la convivencia entre todas las personas con independencia de cuál sea su orientación sexual o identidad de género.

En el ámbito doméstico, son muchos, a día de hoy, los alumnos que creen que serían rechazados por sus familias. Particularmente, el 78% del alumnado que manifiesta rechazo hacia las personas LGTB piensa que, a su vez, sería rechazado por su familia si fuera homosexual, transexual o bisexual. Este dato demuestra que aún existen muchos núcleos familiares que no educan a sus hijos en la igualdad, mostrándoles, probablemente, que “lo normal” es ser heterosexual y que todo lo que no se ajusta al orden heteronormativo merece ser rechazado. De ahí la necesidad de poner en práctica campañas dirigidas a los progenitores y orientadas a garantizar que los adolescentes puedan desarrollar libremente su sexualidad, sin miedo a ser discriminados o rechazados por sus familias.

En relación con los docentes es alarmante que prácticamente el cincuenta por ciento del alumnado encuestado considere que casi la mitad de los profesionales de la educación tienen una actitud pasiva ante los ataques o agresiones homófobos. Cuanto mayores son los alumnos más críticos se muestran con esa actitud pasiva. El profesorado necesita herramientas para poder actuar con criterio ante situaciones de discriminación por motivo de raza, sexo, religión u orientación sexual o identidad de género. Los docentes son un pilar esencial en la labor educativa de la sociedad; de hecho, es por todos sabido que muchos alumnos toman como referencia a sus profesores, llegando a imitar su actitud y comportamiento.

Casi 90 de cada 100 adolescentes LGB viven en el armario por miedo a ser agredidos física o psíquicamente. Son también clara mayoría los que piensan que dar a conocer una orientación sexual diferente a la heterosexual multiplicaría por tres la posibilidad de sufrir agresiones verbales o físicas en su centro educativo. Además, los alumnos críticos con las agresiones hacia la comunidad LGTB no actúan al respecto por miedo a ser el próximo objetivo de burla. El temor al contagio está muy extendido entre los adolescentes, hasta el punto de que constituye el principal obstáculo a la hora de generar un círculo amistoso entre los compañeros de clase, lo que condena al aislamiento a muchos jóvenes LGTB.

Todo estos datos, junto con muchos otros recogidos en la Investigación Homofobia en las aulas, ofrecen una idea muy aproximada de cómo se sienten, actúan y viven muchos de nuestros alumnos en el seno del sistema educativo. Si esto es lo que ocurre en Madrid, una de las comunidades autónomas con ciudades más populosas, en las que, en principio, se puede vivir con más libertad la propia sexualidad, cabe imaginar que en otras ciudades y pueblos de España los datos, seguramente, son más alarmantes.

Pues bien, a la vista de estas cifras, la conclusión es clara: resulta imperioso educar en el respeto a la diversidad afectivo-sexual, sobre todo, aunque no solo, a los agentes que más influencia tienen en la educación de nuestros adolescentes y jóvenes. Los poderes públicos deberían dotar de las herramientas necesarias a los docentes para generar un clima de convivencia igualitario en los centros educativos, desmitificando las percepciones erróneas que los más jóvenes tienen ante la comunidad LGTB. De igual modo, sería importante realizar campañas dirigidas a las familias en las que se pusiera de manifiesto que el adolescente o joven con una orientación sexual diferente a la heterosexual necesita el apoyo de los más cercanos para poder desarrollar su sexualidad (parte intrínseca de su personalidad) con total normalidad.

No se puede esperar más. Una sociedad sana y un Gobierno responsable no pueden permitirse que ni uno solo de sus miembros, sobre todo cuando es de corta edad, se plantee salidas drásticas e irreversibles para poner fin al sufrimiento que le acarrea su orientación sexual, como consecuencia de la discriminación que padece. Son miles y miles los adolescentes y jóvenes que están esperando respuestas. Hay que actuar ya.

 Artículo publicado en el Huffington Post. Mario Campano es miembro del Grupo de Educación de COGAM.

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