Eurovisión e Israel: 70 años de música, guerra y blanqueamiento internacional
En 2026 Eurovisión celebra sus 70 años de historia. El festival nació en 1956 como un símbolo de reconciliación europea tras la Segunda Guerra Mundial: un proyecto cultural para unir países mediante la música, la televisión y una idea compartida de paz.
Ese mismo año, Israel participaba junto a Francia y Reino Unido en la invasión de Egipto durante la Crisis de Suez.
La coincidencia temporal no es menor. Desde entonces, la historia de Eurovisión y la historia del Estado de Israel han avanzado en paralelo de una manera profundamente reveladora.
Mientras el festival construía una narrativa de unidad, diversidad y convivencia europea, Israel consolidaba guerras, ocupaciones militares, invasiones y un prolongado conflicto colonial sobre Palestina. Y, al mismo tiempo, utilizaba también la cultura, el entretenimiento y la diplomacia pública como herramientas de legitimación internacional.
1973: Israel entra en Eurovisión en plena guerra
Israel debutó en Eurovisión en 1973, el mismo año de la Guerra del Yom Kippur, uno de los mayores conflictos árabe-israelíes del siglo XX.
Mientras Oriente Medio ardía, Israel entraba oficialmente en el mayor escaparate cultural televisivo de Europa.
No era solo música. Era también un movimiento simbólico: la incorporación cultural de Israel al imaginario europeo.
Desde entonces, Eurovisión ha funcionado para Israel como una plataforma de integración internacional y construcción de imagen exterior.
1978 y 1979: victoria, paz y legitimidad internacional
En 1978 Israel ganó Eurovisión por primera vez con “A-Ba-Ni-Bi”. Ese mismo periodo coincidió con los Acuerdos de Camp David y el inicio del tratado de paz entre Israel y Egipto.
Un año después, en 1979, Israel volvió a ganar y organizó el festival en Jerusalén.
Mientras el gobierno israelí proyectaba una imagen de modernidad, convivencia y normalidad democrática, Palestina seguía bajo ocupación tras la Guerra de los Seis Días de 1967.
Eurovisión ayudaba así a reforzar una narrativa internacional concreta: la de un Israel moderno, europeo y culturalmente integrado.
1982: invasión del Líbano y normalización cultural
En 1982 Israel invadió el Líbano y comenzó una larga ocupación del sur del país.
Sin embargo, su presencia en Eurovisión continuó con absoluta normalidad.
Aquí aparece uno de los grandes debates que siguen vivos hoy: ¿hasta qué punto los grandes eventos culturales sirven para despolitizar o normalizar actuaciones militares y violaciones de derechos humanos?
La cultura no sustituye a la política. Pero sí puede suavizar su percepción pública.
1998: Dana International y la construcción de una imagen progresista
La victoria de Dana International en 1998 marcó un momento histórico para Eurovisión y para la representación LGTBIQ+ global.
Una mujer trans ganaba el festival representando a Israel.
Fue un acontecimiento profundamente importante para millones de personas queer. Pero también abrió otro debate que sigue vigente: el uso de los derechos LGTBIQ+ como herramienta de reputación internacional.
Durante años, distintos gobiernos israelíes han impulsado una imagen de Israel como “paraíso de diversidad” en Oriente Medio, mientras continuaban la ocupación de Palestina, el bloqueo de Gaza y las políticas militares sobre población civil.
Muchos colectivos palestinos y organizaciones queer internacionales comenzaron entonces a denunciar lo que posteriormente se conocería como pinkwashing: utilizar derechos LGTBIQ+ para lavar la imagen de un Estado acusado de apartheid y violaciones de derechos humanos.
Gaza, guerras y Eurovisión
Las operaciones militares israelíes sobre Gaza en 2008, 2012, 2014 y posteriormente desde 2023 han coincidido repetidamente con la continuidad de Israel dentro del festival.
Y, mientras aumentaban las denuncias internacionales por crímenes de guerra y la destrucción masiva sobre población civil palestina, Eurovisión mantenía el lema de “United By Music”.
La contradicción se volvió especialmente visible en 2018.
Ese año Israel ganó el festival con Netta y la canción “Toy”, presentada como un himno feminista y moderno.
Al mismo tiempo, en Gaza se producían las protestas de la Gran Marcha del Retorno y una fuerte represión militar israelí que dejó centenares de personas palestinas asesinadas y miles heridas.
Un año después, Israel organizó Eurovisión en Tel Aviv entre campañas internacionales de boicot y protestas de artistas y organizaciones de derechos humanos.
2024-2026: el mayor conflicto político en la historia reciente del festival
Tras el ataque del 7 de octubre de 2023 y la posterior ofensiva israelí sobre Gaza, Eurovisión entró en una de las mayores crisis políticas de su historia.
Miles de artistas, colectivos y organizaciones pidieron la expulsión de Israel del festival, señalando el doble rasero respecto a otros países excluidos anteriormente por conflictos bélicos.
La participación israelí en Malmö 2024 provocó protestas masivas, divisiones internas entre delegaciones y cuestionamientos directos a la Unión Europea de Radiodifusión (EBU).
En 2025 y 2026 la polémica continuó creciendo.
El 70 aniversario del festival ya no puede celebrarse únicamente como una historia de música y unión europea. También obliga a mirar las contradicciones políticas del propio evento.
¿Puede la música ser neutral?
Eurovisión siempre ha dicho ser un festival “apolítico”.
Pero la realidad demuestra lo contrario.
Las canciones, las banderas, las exclusiones, los votos, las sedes y las participaciones siempre han tenido una dimensión política.
La pregunta no es si Eurovisión es político.
La pregunta es qué política se permite y cuál se silencia.
Durante décadas, Israel ha encontrado en Eurovisión un espacio de legitimación cultural internacional incluso en momentos de guerra, ocupación o fuertes denuncias por violaciones de derechos humanos.
Y quizá ese sea el verdadero paralelismo entre los 70 años de Eurovisión y la historia contemporánea de Israel: mientras una parte del mundo hablaba de paz, diversidad y convivencia desde un escenario, otra seguía viviendo bajo bombardeos, ocupación y desplazamiento forzado.
Porque la cultura nunca ocurre fuera de la historia.
Y la música tampoco.
Uno de los conceptos más utilizados para analizar la relación entre Israel y Eurovisión es el de pinkwashing. Este término hace referencia al uso de los derechos LGTBIQ+ y de una imagen pública de modernidad, diversidad y tolerancia para mejorar la reputación internacional de un Estado o institución mientras se invisibilizan otras vulneraciones de derechos humanos. Diversas organizaciones palestinas y colectivos queer internacionales llevan años denunciando que Israel ha utilizado espacios culturales como Eurovisión para proyectar una imagen de país abierto y progresista —especialmente a través de símbolos como Dana International o el protagonismo del turismo gay en Tel Aviv— mientras continúan la ocupación de Palestina, el bloqueo sobre Gaza y las políticas militares contra población civil palestina. La crítica no cuestiona los derechos LGTBIQ+ conquistados dentro de Israel, sino el uso político de esos derechos como herramienta de legitimación internacional.
Desde SOMOS LGTB+ Aragón mostramos nuestro apoyo al posicionamiento crítico de RTVE ante la participación de Israel en Eurovisión 2026 y al debate abierto en torno al papel de los grandes eventos culturales frente a las violaciones de derechos humanos.
Creemos que la cultura no puede utilizarse para blanquear guerras, ocupaciones ni el sufrimiento de la población civil. Los derechos humanos deben estar siempre por encima de cualquier espectáculo televisivo, interés político o estrategia de imagen internacional.
Como colectivo LGTBIQ+, también denunciamos el uso del pinkwashing: instrumentalizar los derechos y libertades de las personas LGTBIQ+ para ocultar políticas de violencia, apartheid o vulneración de derechos fundamentales.
Defender la diversidad también implica defender la vida, la dignidad y la justicia para todos los pueblos.
Eurovision #RTVE #Palestina #DerechosHumanos


Debe estar conectado para enviar un comentario.