En el marco del Día Mundial de la Hepatitis, que se celebra el 28 de Julio,se enfatiza la necesidad de concienciar a la población sobre las diferentes formas de hepatitis viral, sus vías de transmisión, síntomas y, crucialmente, las medidas de prevención disponibles. Las hepatitis A, B y C representan un importante desafío de salud pública a nivel global.
Hepatitis A: Un Virus Transmisible con Prevención Efectiva
La hepatitis A es una enfermedad hepática causada por el virus de la hepatitis A (VHA). Se transmite principalmente por la ingestión de agua o alimentos contaminados con heces de una persona infectada, así como por el contacto directo con personas con mala higiene personal o mediante ciertas prácticas sexuales sin protección.
Los síntomas, que pueden tardar de 2 a 7 semanas en aparecer, incluyen malestar general, cansancio, fiebre, náuseas, ictericia (coloración amarillenta de piel y ojos), orina oscura y heces claras. Sin embargo, muchas infecciones son asintomáticas. Afortunadamente, existe una vacuna altamente eficaz (casi 100% de eficacia con dos dosis) disponible en los centros de salud, que junto con una adecuada higiene personal (lavado de manos) y precauciones en las relaciones sexuales, constituyen las principales medidas de protección.
Hepatitis B: Un Desafío Global con Vacuna Preventiva
El virus de la hepatitis B (VHB) es significativamente más infeccioso que el VIH, transmitiéndose por contacto con sangre infectada o fluidos corporales durante relaciones sexuales sin protección (anal, vaginal, oral), al compartir agujas o jeringuillas, o mediante la transmisión vertical de madre a hijo durante el embarazo y el parto. También es posible contagiarse a través de tatuajes y piercings realizados en condiciones insalubres o al compartir objetos de higiene personal como cepillos de dientes o maquinillas de afeitar.
Los síntomas son similares a los de la hepatitis A, aunque a menudo más intensos y con un período de incubación más largo (6 semanas a 6 meses). En aproximadamente el 10% de los casos, la infección puede volverse crónica. La vacuna contra la hepatitis B es una herramienta esencial de prevención, con una eficacia cercana al 95% y consta de tres dosis. Además de la vacunación, el uso de barreras protectoras en las relaciones sexuales y evitar compartir material inyectable son cruciales.
Hepatitis C: El Riesgo de la Cronicidad y la Ausencia de Vacuna
La hepatitis C es predominantemente una infección de transmisión sanguínea, siendo las vías más comunes el compartir agujas, jeringuillas y material para inhalar drogas, así como el uso de instrumental no estéril en tatuajes y piercings. Aunque menos frecuente que la hepatitis B, también puede transmitirse a través de prácticas sexuales con riesgo de contacto sanguíneo (ej., penetración anal, «fist fucking»).
La mayoría de las personas con hepatitis C no experimentan síntomas en la fase aguda, y la infección a menudo se vuelve crónica. Esta cronicidad, que puede pasar desapercibida durante años, puede llevar a daños hepáticos graves como cirrosis o, en algunos casos, cáncer de hígado. Es importante destacar que, a diferencia de las hepatitis A y B, actualmente no existe una vacuna para la hepatitis C. La prevención se centra en evitar el contacto con sangre infectada, utilizando barreras protectoras en relaciones sexuales de riesgo y nunca compartiendo agujas o utensilios de higiene personal.
En este Día Mundial de la Hepatitis, se hace un llamado a la acción para que la ciudadanía se informe, consulte a su centro de salud sobre las opciones de vacunación y adopte prácticas seguras que contribuyan a la erradicación de estas enfermedades prevenibles.




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