VIH- Estigma

¿Por qué es necesario hablar aún del estigma asociado al VIH?

La mayor efectividad de los tratamientos para el VIH, la simplificación de la dosificación y reducción de efectos adversos han hecho que hoy por hoy la infección por el VIH sea considerada una enfermedad de evolución crónica. Hay estudios que han demostrado que cuando el diagnóstico es temprano y se produce en una etapa asintomática, la mortalidad de las personas con VIH se acerca cada vez más a la de la población general, a la vez que se incrementan las causas de fallecimiento no relacionadas con el sida en las personas con VIH, como derivación lógica del envejecimiento.

Sin embargo, la percepción social del VIH no ha sufrido una evolución paralela. La discriminación hacia las personas con el VIH y la defensa de sus derechos continúa siendo un problema de primer orden. En nuestro país, el informe FIPSE 2005 “Discriminación y VIH/sida” observó la existencia de discriminación arbitraria en ámbitos como el laboral, normas que regulan la entrada y residencia en España, bienestar social, seguros de vida y de asistencia sanitaria privados, servicios bancarios y acceso a determinados servicios públicos y privados como instalaciones deportivas .

La discriminación hacia las personas con el VIH también se da en el plano de nuestras relaciones personales y dentro de nuestras comunidades, lo que se conoce como discriminación intracomunitaria. Aunque desconocemos su magnitud, ya que no hay estudios en nuestro país, muchas personas con VIH hemos sentido actitudes de rechazo por parte de personas de nuestro entorno más cercano.

Si tuviera VIH… ¿estudiarías conmigo? El estigma en cifras

Distintas investigaciones han mostrado que el VIH en nuestro país está lejos de estar normalizado socialmente. Un estudio representativo de la población española sobre creencias y actitudes hacia las personas con VIH indicaba, en 2010, que un buen número de personas siente incomodidad ante un potencial contacto con personas con VIH en diferentes situaciones de la vida cotidiana. Así, un 58,8% de personas entrevistadas sentirían incomodidad si sus hijos o hijas tuvieran que compartir clase con personas con VIH y un 40% de estas personas harían algo para evitar ese contacto . Igualmente, una reciente encuesta del INJUVE muestra que un 14% de los jóvenes se sentiría incómodo junto a un enfermo de sida, 2,2 puntos más que en el 2004.

Si tuviera VIH… ¿trabajarías conmigo? La discriminación en el ámbito laboral

En 2009 se mostró la desproporcionada tasa de desempleo en las personas con VIH, de un 53%, con las consecuencias que ello tiene en la disminución de la calidad de vida y el bienestar psicosocial . En este sentido, la recomendación de la Organización Internacional del Trabajo pretende acabar con las barreras que impiden a las personas con VIH disfrutar de sus derechos laborales aunque dicha recomendación no ha sido implementada por nuestro gobierno.

Los trabajadores y las trabajadoras con el VIH se encuentran frecuentemente con actitudes discriminatorias por parte de compañeros y clientes. Hasta un 30% de la población española sentiría incomodidad por compartir espacio de trabajo con una persona con el VIH, y un 44,5% la sentiría si en la tienda en la que compran trabajaran personas con VIH .

Más datos sobre las actitudes discriminatorias

Más alarmante, si cabe que estas actitudes de incomodidad, son aquellas que manifiestan su apoyo a posibles políticas de segregación social y física de las personas con VIH. En este sentido, un 20% de la población española cree que la ley debería obligar a que, en ciertos lugares, las personas con VIH deban estar separadas o excluidas para proteger la salud pública y un 18% piensa que los nombres de las personas con VIH deberían hacerse públicos para que la gente que quisiera pudiera evitarlas .

¿Cómo se crea el estigma?

El estigma asociado al VIH se genera por los prejuicios y por el desconocimiento de las formas de transmisión del virus, y fundamentalmente por la ignorancia acerca de las situaciones de la vida cotidiana que no suponen riesgo para su transmisión. Este desconocimiento excluye de forma injustificada a las personas con el VIH. Así, aún un 15% de la población española cree erróneamente que el VIH se puede transmitir por compartir un vaso y un 17% cree que puede transmitirse por compartir baños públicos .

El estigma también se debe a la asociación de la infección con grupos de población previamente estigmatizados, como las personas trabajadoras del sexo, usuarias de drogas, o hombres que tienen sexo con hombres. Por eso, las personas que formamos parte de estos grupos y que vivimos con el VIH sufrimos un doble y a veces triple estigma.

¿Cómo nos afectan el estigma y la discriminación a las personas con el VIH?

Además de constituir una vulneración de derechos humanos, la discriminación tiene efectos en la salud individual y en la salud pública, al incidir en el retraso diagnóstico y en el aumento de la transmisibilidad del virus.

Cuando las personas con el VIH interiorizamos las actitudes sociales negativas acerca del VIH se produce autoestigmatización que se manifiesta en sentimientos de vergüenza y autodesprecio, culpabilidad e inferioridad y en comportamientos como la autoexclusión en múltiples ámbitos de la vida o la limitación de relaciones personales y familiares al anticipar la discriminación. Muchas personas con VIH retrasan visitas médicas y la toma de tratamiento para evitar problemas laborales. La ocultación de la enfermedad y anticipación de sus consecuencias puede provocar un aumento considerable del estrés y dificulta la motivación para el autocuidado y el tratamiento.