De la jerarquía a la horizontalidad en tan solo 6 años.

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loren gonzález es el técnico de educación de SOMOS

Llevaba yo ya un tiempo dándole vueltas a cómo hemos conseguido absorber el concepto de horizontalidad en SOMOS y, cada vez que me planteaba escribir sobre esto una duda me asolaba: ¿el concepto de horizontalidad que nosotras empleamos es lo que el mundo entiende por horizontalidad? Una pregunta que sigue sin respuesta y que, espero en pocos días, resolver porque me he apuntado a un tallercito precisamente para aclarar ideas y contrastar.

SOMOS acaba de cumplir 6 años ¡enhorabuena! y durante este tiempo, poquito pero muy intenso, hemos pasado de ser una organización democráticamente jerárquica a ser una entidad con una particular visión- creemos, porque no lo sabemos- de lo que es la participación y el trabajo en equipos y grupos. 

Hace un par de años, los planetas se alinearon para que las socias y voluntarias de SOMOS tuviéramos tan poco tiempo para la organización de esta Asociación que todos nuestros proyectos se deshincharon un poco. Cuando por responsabilidad de todas y cada una volvimos a juntarnos y valorar nuestra organización una cosa había cambiado: el objetivo era volver a ser SOMOS, es decir, el objetivo era claro y estaba compartido por todas, no volveríamos a trabajar por inercia.

Nuestras inquietudes personales y nuestros objetivos individuales se fundieron en los generales porque SOMOS iba a ser lo que quisiéramos que fuera y no otra cosa. Desde entonces cada cual asumió el papel que quiso asumir dentro de la organización. Con esta decisión, la participación de todas empezó a ser igualitaria y la interacción y la innovación en nuestros proyectos cobraron una ilusión y una fuerza no compartidas hasta ese momento. 

No llegó la horizontalidad porque la buscáramos, llegó porque era la solución a nuestras carencias organizativas. La autogestión de proyectos y recursos iba a ser el eje fundamental de nuestro esquema: nosotras nos lo guisaríamos y nosotras nos lo comeríamos y sería así porque queríamos y no por otras razones o compromisos.

Diálogo, diálogo y más diálogo lo aplicamos dentro y lo exportamos sin querer, o no, cuando nos juntábamos con otras organizaciones. Lo exportamos porque esta práctica de asertividad y de trabajo cooperativo nos había demostrado que éste era el camino correcto.  Trabajando de esta manera, organizándonos así, conseguimos ser más productivas y eficaces, mejoramos nuestra comunicación porque conocíamos las disponibilidades personales y la calidad de nuestras participaciones.

Sabiendo esto nos obligamos a innovar y a fomentar la innovación, consiguiendo desarrollar una infraestractura novedosa basada en proyectos y en servicios, sustentada en papel, para lo cual creamos la figura de la dirección técnica. Todas las ideas se hablaban, se debatían, se aprobaban – o no- y esa dirección técnica las recogía, fundía y presentaba en formato de proyecto. 

Dicen que en las organizaciones horizontales no hay líderes, tal vez sea así, pero yo no lo contemplo ni lo comparto. En todo grupo humano hay líderes (cuestión básica de dinámica de grupos y de formación de grupos). Lo que no tenemos en SOMOS son jefas ni jefes. Y los liderazos que existen son liderazgos que han nacido del trabajo, del esfuerzo y de la dedicación y así lo reconocemos el resto de compañeras. Un liderazgo sin que el resto te reconozca no es liderazgo, es una dictadura. Y dicho lo dicho, hay gente que ha intentado autoproclamarse líder o lideresa, al más puro estilo Esperanza Aguirre. 

Yo tengo muy claro que cuando compartimos objetivos y proyectos todas nos sentimos parte de ellos, nadie se siente fuera de lugar y todas, al sentir algo como propio, hacemos lo mejor por la organización. Cada cual hace lo que quiere dentro de los límites que ella misma se ha marcado. Horizontalidad no es sinónimo de irresponsabilidad. 

Y como decía antes, la horizontalidad la sacamos fuera de nuestra burbuja. Trabajamos con muchísimas organizaciones de igual a igual, derivando temas, personas, acciones… y también recibimos nosotras de ellas porque han visto qué somos y cómo trabajamos, que nos interesan nuestros objetivos y que “otras cosas” no nos interesan. Estoy convencida de que trabajando de esta forma, muchas personas se han unido a nuestros proyectos porque trabajan en lo que quieren y pueden y cuando quieren y pueden dentro de ese compromiso compartido del que hablaba antes. Creo que el modelo gusta y lo siento así.  

Entrar a una organización y poder intercambiar recursos, ideas, sugerencias, comentarios, experiencias y hacerlo de manera colaborativa dota de una funcionalidad maravillosa a la organización. Sinceramente, para mi ha sido un logro de ingeniería social llegar a practicar esta metodología. 

Y lo es para mi porque hemos creado un ecosistema basado en la interactividad sincera, en la participación regular, en la inteligencia colectiva y en el respaldo a nuestras compañeras, que lo son porque nos unen los mismos objetivos.

Hemos sido capaces de deconstruir nuestra identidad colectiva y me parece maravilloso. Lo hemos hecho desde el cuidado y desde el respeto y quien no lo ha entendido, quien se ha intentado apropiar de objetivos, quien ha luchado contra el grupo o quien ha jugado sucio ha visto que no ha podido vencer a la igualdad reinante en nuestra organización y se ha visto a sí misma.  

Participando como participamos aquí dentro aprendemos, nos empoderamos y usamos nuestro poder de una manera democrática. En SOMOS la vida diaria es dinámica, no hay nada estático ni estamos ante un “estado fijo”, no obstante, seguramente haya gente que no nos perciba así, quizás porque no nos conozca o porque quizás, no quiera o no tenga la capacidad de verlo así. 

Yo todavía sigo dudando si “horizontalidad” es esto, no lo sé, pero qué bien sienta encontrar un modelo organizativo que haga que estemos tan a gusto, que crezcamos, que nos empoderemos, que nos sintamos parte de un proyecto y que ese proyecto colectivo sea parte de ti. 

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