23 de septiembre, día de la bisexualidad

CORAZÓN BISEXUALEl Día Internacional de la Bisexualidad lo celebramos y conmemoramos el 23 de septiembre. La primera ocasión en la que se habló de esta fecha fue en 1999 cuando tres activistas de derechos bisexuales de Estados Unidos – Wendy Curry, de Maine, Michael Page, de Florida y Gigi Raven Wilbur, de Texas lo empezaron. Este último dijo:

“Después de la rebelión de Stonewall, la comunidad gay y lesbiana ha crecido en fuerza y visibilidad. La comunidad bisexual también creció en fuerza, pero en muchos aspectos estamos todavía invisibles. También he estado condicionado por la sociedad para tachar automáticamente una pareja caminando de la mano como heterosexual o gay, dependiendo del género percibido de cada persona.”

Esta celebración de la bisexualidad, en particular, a diferencia de los eventos LGBT en general, fue concebida como una respuesta a los prejuicios y la marginación de las personas bisexuales por algunas comunidades heterosexuales o incluso la propia LGBT.

Hoy queremos daros a conocer este artículo tan chulo aparecido en 1 de cada 10, blog sobre diversidad sexual que nos encanta (link), que dice lo siguiente: 

– ¿Eres heterosexual?

Nunca le habían hecho esa pregunta tan a quemarropa, y aunque se sintió intimidada por la invasión que suponía hacerla sin preámbulo y sin confianza, y por la intención que se veía detrás, decidió responder.

– No

Esa habría sido la respuesta fácil. El tipo preguntaba porque estaba seguro de que, en caso de heterosexualidad, tenía el éxito asegurado. Pero en ese momento ella sintió una inexplicable necesidad de decirlo.

– No. Bisexual.

Y tendría que emplear unos minutos más en aclarar que no era tan simple como él creía. Que ella podía sentirse atraída por hombres, pero él no era el caso. Que posiblemente tampoco se iba a sentir atraída por la primera mujer que se le cruzase. Que ni quería ni tenía por qué darle explicaciones.

No se complicó demasiado: dijo que no estaba interesada, se levantó y se fue. Pero se fue satisfecha por haberlo dicho. Bisexual, con todas las letras y todas las consecuencias.

Llevaba media vida con la sensación de no encajar del todo en ningún sitio. Nunca había sido normal, pero tampoco alcanzaba la categoría de especial. Siempre se sintió un poco rara.

Fue una mujer de pocos novios, de relaciones largas; pero ninguna llegó a cuajar. Nunca quiso una familia perfecta, con su parejita y sus vacaciones en la playa, pero nunca dejó de sentirse culpable por no quererla. Algo estaba haciendo mal, seguro.

Pasaron los años, y con ellos fue aceptando sus rarezas y aprendiendo a quererse. No estaba dispuesta a conformarse con algo que no la hacía feliz, y aprendió a ser feliz sin pareja, con grandes amistades y un montón de proyectos. Ella y su entorno normalizaron sus rarezas.

Y de repente, con esa edad en la que ya nadie espera sorpresas, una mujer puso su calma patas arriba. Salió del armario muy tarde. A quién se le ocurre tener su primera novia a esas alturas. Será la crisis de los cuarenta, decían. La soledad, la frustración por no haber encontrado el hombre de su vida. Ella se esforzó por explicar que no era eso, nada que ver. Simplemente se enamoró. La mayoría no lo entendieron.

Pero tampoco fue fácil con quienes aceptaron su decisión. Porque no se reconocía lesbiana. Era feliz con aquella mujer, pero también lo había sido antes con sus novios; no quería renegar de lo vivido y lo disfrutado, no quería negarse la posibilidad de volver a sentirse atraída por algún hombre, estaba satisfecha con su relación pero no sentía que fuese excluyente, que disfrutar el sexo con una mujer implicase renunciar para siempre a encontrar el placer con un hombre. Eso sí que fue una crisis: con su edad y buscando una categoría en la que etiquetarse.

Al terminar aquella relación podía haber puesto fin a la historia, volver al redil y declararse de nuevo heterosexual, pero ni se lo planteó. No le gustaba arrepentirse, y había sido demasiado feliz como para borrarlo de su historia. Y si había sido feliz con ella, también podía serlo con otra mujer, en otro momento. O con un hombre. No todo el mundo puede asumir el reto de tener una pareja con ese pasado, con esas perspectivas de futuro, pero ella ya no estaba dispuesta a vivir de otra manera.

Por eso aquella tarde se lo había dicho a un desconocido al que no tenía ningún interés en contarle su vida, porque se lo estaba diciendo a sí misma y al mundo: ni hetero, ni lesbiana, ni confundida, ni viciosa, ni promiscua. Simplemente una mujer capaz de enamorarse perdidamente y ser leal  -por una noche o por muchos años- a una persona que con su mirada, su palabra y su sonrisa diese la vuelta a su mundo. Una mujer que quiere vivir y elegir el amor sin cortapisas. Una mujer bisexual.

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