SOMOS SE SUMA AL COMUNICADO REDACTADO POR LA PLATAFORMA PARA LOS DERECHOS TRANS

En el diario El País del 7 de septiembre aparecía un artículo de opinión firmado por Luis Montero con el título “Transexualidad infantil, a la espera de una respuesta” http://politica.elpais.com/politica/2015/05/07/actualidad/1430994937_261677.HTML

Ante el infame artículo la Plataforma por los Derechos Trans, que aúna asociaciones representantes del colectivo Trans de todo el Estado español, ha redactado la nota de prensa que se le adjunta.

Transexualidad infantil e infamia médica

En referencia al artículo del médico forense D. Luis Montero Ezpondaburu, publicado

por el periódico El País el 7 de abril, La Plataforma por los Derechos Trans

#NadieSinIdentidad#, manifiesta su absoluta repulsa e indignación ante las afirmaciones

de este Señor:

Señor Montero, cuando usted se refiere a las personas transexuales como

personas con disforia de género lo hace única y exclusivamente desde una perspectiva

médica, limitando el universo de estas personas a esta única visión. Por encima de la

medicina están los Derechos Humanos y la propia voz de las personas transexuales.

Disforia de género y transexualidad no son sinónimos, puesto que no todas las personas

transexuales tienen disforia de género ni quien la tiene, la tiene en el mismo grado.

Referirse así a las personas transexuales induce a error y no deja de ser una

categorización desafortunada y estigmatizante que fundamenta la vulneración de los

Derechos Humanos de las personas transexuales. En este sentido la Resolución del

Consejo de Europa del pasado 22 de abril, en su punto 3, considera una violación de los

Derechos Fundamentales, entre otros, el diagnóstico de la transexualidad como

enfermedad mental. Al hilo de todo esto, el Comisario de Derechos Humanos del

Consejo de Europa, Thomas Hammarberg, el verano del 2011 solicitó a la OMS la

despatologización de la transexualidad, declarando que la “disforia de género” (como se

denomina erróneamente a la transexualidad en ciertos manuales de medicina) debe dejar

de considerarse como enfermedad mental en los países del Consejo de Europa y los

organismos internacionales de salud. Añade que “mantener este término -que designa a

las personas que viven un desacuerdo entre su sexo biológico y su sexo psicológico- en

la categoría de trastorno mental, estigmatiza a las personas transexuales y restringe su

libertad a la hora de escoger un eventual tratamiento hormonal”. El término “Disforia

de género”, por más que se utilice, no deja de ser un término desafortunado en

castellano, y que induce a error. Peor aún es el término “Trastorno de identidad de

género” que, por fortuna, ya se ha desterrado en las últimas publicaciones que tratan

sobre la transexualidad.

Si la homosexualidad fue desclasificada como enfermedad mental y no necesita

de acompañamiento psicológico obligatorio, ¿por qué si la transexualidad ha dejado de

ser una patología según la APA y la OMS, usted Sr. Montero afirma en su artículo que

“las personas que sufren esa disconformidad (refiriéndose a la transexualidad) con su

sexo anatómico precisan de acompañamiento psicológico (…)”?.

Sr. Montero, a lo largo de su artículo usted mantiene la necesidad de las UTIG

como referente para la atención médica de las personas transexuales. Los tratamientos

recibidos por las personas transexuales no son distintos a los que son prescritos al resto

de usuarios y usuarias del Sistema público de Salud de nuestro país. Segregar a las

personas transexuales en UTIGs es estigmatizarlas. La Resolución del Consejo de

Europa del pasado 22 de abril, en lo que concierne a los tratamientos de reasignación y

cuidados de la salud la Asamblea llama a los Estados miembros a: “Modificar las

clasificaciones de patologías utilizadas a nivel nacional y proponer la modificación de

las clasificaciones internacionales con el fin de garantizar que las personas transexuales,

incluidos las menores, no sean considerados como enfermos mentales, al mismo tiempo

asegurando el acceso a los tratamientos médicos sin estigmatización”

Sr. Montero, lo que usted expresa en su artículo que no es otra cosa que un

modelo de atención obsoleto, discriminatorio y patologizante, y que confronta con la

nueva realidad social, con la mayor visibilidad de los/as menores trans, el cambio

legislativo que han supuesto las Leyes Trans de Andalucía y Extremadura, que abogan

por la libre autodeterminación del género como hiciera la ley argentina de 2012, y con

la citada Resolución del Consejo de Europa del mes pasado. Esas disposiciones cuenta

con gran apoyo social (las leyes autonómicas fueron aprobadas por unaimidad), y con

gran consenso de profesionales de la medicina, psicología, antropología, trabajo social,

pedagogía etc.; profesionales que usted desautoriza en su artículo otorgándose la

potestad y autoridad en la materia de forma única e incluso usurpando la tutela legal de

los padres y las madres de los menores trans. Algo tendrán que decir las propias

personas transexuales a través de sus organizaciones, las cuales usted desacredita en su

artículo. Y no es que lo digamos nosotros, sino que la propia Resolución del Consejo de

Europa expresa la necesidad de consultar explícitamente a las personas transexuales y

sus organizaciones e implicarlas en la elaboración y puesta en marcha de políticas y

disposiciones jurídicas que les conciernen.

Es momento ya de dar un salto cualitativo que nos acerque a la igualdad de trato

en todos los ámbitos y esto se concreta en ser atendido de forma normalizada como el

resto de la ciudadanía y sin el prejuicio y el paternalismo que usted propone bajo la

fórmula segregatoria que han supuesto las UTIGs, insistiendo de forma antagónica en el

descarte de patologías mentales. Usted fomenta la implantación y proliferación de

“nuevas UTIGs” que quieren tutelar a las personas transexuales y no acompañar, que

quieren apartar su libre autodeterminación y marcar la pauta en el desarrollo de

nuestras vidas. Es necesario la creación de una Ley estatal, pero no su Ley sino la

nuestra.

Por otro lado, Sr. Montero, en su artículo vemos cómo una vez más se repite

aquello de que “Solo el 15-20% niños/niñas con disforia persistirán en la edad adulta”.

Siempre que lo escuchamos o leemos, preguntamos que de dónde sacan esa estadística,

porque entre los colectivos trans no consta que eso sea así. En este colectivo, por más

que preguntamos por la existencia de tales remisiones, no encontramos dicho

porcentaje. A pesar de ello, esa estadística se repite y repite hasta mil veces, con la

intención de que se convierta en la “verdad”, parece que siguiendo la máxima de Joseph

Goebbels. Existen rendiciones: personas transexuales que ante el temor a lo que

conlleva todavía esa condición, en especial en la adolescencia, tiran la toalla y optan por

vivir una vida que no es la que querrían, simulando una identidad sexual que no es la

sentida como propia. Pero ni de lejos existe ese porcentaje de remisiones.

La evidencia está en las propias unidades de corte patologista. En el reciente

estudio de la Dra. DELAMARRE-VAN DE WAAL (2014), se concluye que “A día de

hoy, no tenemos ningún caso de arrepentimiento en nuestro grupo de pacientes

jóvenes”. De manera similar, en el trabajo publicado por el equipo del Hospital

Universitario Ramón y Cajal, se afirma que “Respecto a la persistencia del diagnóstico,

a pesar de que se ha publicado datos cuantitativos de otros autores resultan

contradictorios (…). Nuestros datos hasta la fecha objetivan un número elevado de

casos de menores vistos en edades tempranas, en los que se confirma y se mantiene su

diagnóstico de disforia de género, después de la mayoría de edad”. También el Hospital

Clinic de Barcelona en 2013, en su publicación al respecto, se dice “es preciso realizar

nuevos estudios con criterios diagnósticos muy definidos para analizar la gran

discrepancia entre estudios.”

Por tanto, la propia clase médica reconoce que las estadísticas no son fiables, y

además es importante subrayar que en los casos en lo que no se mantiene el

“diagnóstico” no se trata de que algunos menores “diagnosticados” como personas

transexuales hayan dejado de serlo con el paso de los años (la condición de persona

transexual se tiene desde que se nace hasta que la persona fallece), sino que ha existido

un “diagnóstico” erróneo, resultando paradójico que hasta los “errores de diagnóstico”

del sistema sanitario se vuelvan en contra de los menores transexuales, tratando de

extender la errónea creencia de que lo más probable es que haya remisiones, por lo que

mejor no hacerles caso… La conclusión debería ser que esto no hace sino confirmar que

nadie, nada más que cada persona, en la única que puede saber cuál es su identidad

sexual: el principio de autodeterminación de género.

Desde la Plataforma de los Derechos Trans #NadieSinIdentidad, hacemos un

llamamiento a Instituciones, Partidos Políticos, Organizaciones Sociales y Entidades

LGTBI, para que se posicionen públicamente al lado de las personas transexuales y no

junto a los profesionales de la medicina que contribuyen a la segregación,

patologización y estigmatización de las personas transexuales. Los derechos de las

personas transexuales también son derechos humanos.

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