Un beso colectivo invade la puerta del emblemático café Prückel en Viena.

De un tiempo a esta parte la comunidad LGBT está dando pasos de gigante para luchar contra la desigualdad, desde las leyes que legalizan el matrimonio homosexual, hasta la lucha por conseguir la normalización en las calles de todo el mundo y como ya ha ocurrido en otras ocasiones, la lucha contra la discriminación tiene forma de beso.

Pero a pesar de todo esos logros que van llegando aún quedan lugares donde esa normalización todavía eso es algo que está por llegar, muy a nuestro pesar. No es el caso de Viena (Austria), capital de destino turístico para la comunidad LGBT, lo cual hace que sea todavía más inquietante lo ocurrido hace unos días, cuando una pareja de mujeres, Eva Prewein, de 26 años y Anastasia López, de 19, fueron echadas de una cafetería por mostrar su amor, como en otras ocasiones ha sucedido en otras ciudades del mundo.

Las chicas estaban tomando un café, cuando se dieron un beso como haría cualquier otra pareja, en ese momento el encargado de la cafetería se negó a servirles defendiendo que “La diversidad como ésta pertenece en un burdel, no en una casa tradicional de café” e invitándolas a abandonar el local.

Tras lo ocurrido, Christi Sedlar, la persona que les echó del local, pidió disculpas de una manera un tanto peculiar, indicando que aunque su reacción fue excesiva lo hizo “para asegurar que las normas reconocidas de comportamiento en la sociedad son respetadas por todos los clientes”.

Esta disculpa no fue suficiente para muchos, de hecho fue peor que no decir nada, con lo cual el grupo estudiantil austriaco Achse kritischer Schülerinnen , decidió llevar a cabo una protesta en forma de beso en la puerta de la cafetería, donde se reunieron más de 2.000 personas.

Como indicó Philipp Pertl, portavoz del grupo de derechos Rainbow Scouting Austria: “Estamos aquí para luchar contra la intolerancia y la homofobia. La ley tiene que cambiar. No puede ser que las lesbianas y los gays sean echados fuera de una cafetería o un restaurante por besarse “.

Y es que, ¿Qué mejor manera de luchar contra el odio que el amor?

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