Rusia atrapa a 500 familias españolas al tratar de frenar la adopción por gais

La legislación homófoba de Vladimir Putin afecta también a las parejas españolas que esperan para poder adoptar un niño en Rusia. Con el fin de evitar que estos críos puedan acabar siendo educados por homosexuales, Moscú no solo ha prohibido este trámite a las familias monoparentales. Desde el pasado 29 de agosto los juicios de adopción con los Estados que permiten el matrimonio gay están, directamente, paralizados. Unas 500 familias españolas, según estimaciones delMinisterio de Sanidad y Servicios Sociales, están afectadas por la medida, que solo se retirará cuando España y Rusia firmen un convenio bilateral que se negocia desde 2009. Mientras, los futuros padres viven con angustia un conflicto político que puede truncar sus ilusiones.

Solo ocurre en el 1% de los casos. Los niños llegan a España y la Administración retira la tutela a los padres adoptivos, por lo que se debe buscar otro hogar a los chavales. A finales de agosto el Tribunal Supremo ruso emitió una instrucción con la intención de evitar que, en estas situaciones, los menores sean recolocados con familias homosexuales. “Esta es una traba más a la adopción internacional. Rusia es un país emergente, por lo que restringir esta práctica es una cuestión de imagen. Pero con esta decisión están matando las moscas a cañonazos”, lamenta José Luis Vicente, director de AIST (Adopción Internacional Solidaridad en la Tierra), una de las 45 entidades colaboradoras de adopción internacional (ECAI) que hay acreditadas en España, asociaciones sin ánimo de lucro que ofrecen asesoramiento durante este proceso.

José Ángel Carmona y María Mas tenían sus esperanzas puestas en el próximo 2 de octubre, fecha prevista para el juicio en Rusia en el que se iba a ratificar la adopción del que ya sienten como su hijo, Artiom, que tiene dos años y vive en un orfanato en Vladivostok, una ciudad en el Mar de Japón, a unos 14.000 kilómetros de Madrid. Pero, dadas las circunstancias, ya no están seguros de nada. “En mayo de 2012 decidimos adoptar. Hace cuatro meses fuimos a conocer al crío. Fueron 14 horas de vuelo pero estábamos tan ilusionados que ni nos enteramos”, cuenta el futuro padre, un ingeniero de 43 años. Hasta hace solo unos días él y su mujer, que es profesora, creían que en cuestión de días tendrían a Artiom en casa. Así que han pasado unas semanas “de locos” preparando su habitación en el domicilio que comparten en Colmenar Viejo (Madrid). Este lunes, mientras instalaban en la escalera una barrera para impedir que el niño pueda caerse, recibieron una llamada del director de su ECAI. Fue entonces cuando se enteraron de que todo quedaba en el aire. “No buscamos culpables. Solo queremos que nos den una solución. Tenemos miedo de que pueda saturarse el sistema de justicia en Rusia y que decidan retirar a las familias los niños que les han sido asignados. Ahora mismo no sabemos si los trámites siguen adelante, o no”, cuenta angustiado.

Fuentes del Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales garantizan que están trabajando “a contrarreloj” para buscar una solución. “Hablamos de unas 500 familias que se encuentran en distintas fases del proceso. La cifra exacta la conoceremos hoy”, asegura un portavoz. La intención del Gobierno, asegura, es que el convenio bilateral esté listo antes del 3 de octubre, pues el día 4 llega a España una delegación del Parlamento ruso y es entonces cuando se pretende rubricar este acuerdo que lleva años fraguándose. Por el momento, el Ejecutivo no adelanta los puntos que se están negociando. José Luis Vicente, director de una ECAI, afirma que entre los requisitos exigidos por Rusia desde final del verano se incluye un seguimiento del niño, una vez este ha llegado a España, hasta que cumpla la mayoría de edad.

Luis Miguel Manrique y Paula Arranz llevan año y medio esperando para ser padres. No pudieron tener hijos biológicos, así que se decantaron por la adopción internacional. “Para nosotros cada día de espera es un mundo. Si la situación es difícil normalmente, ahora es tremenda. Cogemos fuerzas mirando la foto de nuestro niño. De otro modo, no podríamos aguantar”, reconoce este madrileño de 39 años. El pasado lunes se reunieron con otras cinco familias que se encuentran en la misma situación. Una de ellas está recogiendo firmas para que, por fin, España y Rusia lleguen a un acuerdo. “Habrá unas 6.000. La mayoría, conseguidas en solo tres días. Lo único que pedimos es una solución”, reclama.

 

Rusia exige a España una normativa discriminatoria contra parejas del mismo sexo para desbloquear cientos de adopciones

La decisión del Gobierno ruso de prohibir la adopción de menores oriundos de ese país por parejas del mismo sexo o solteros de países que hayan aprobado el matrimonio igualitario ha dejado en suspenso los procesos de adopción de cientos de niños por familias españolas. El Tribunal Supremo ruso exige garantías adicionales de que ningún menor nacido en dicho país y que haya sido adoptado por españoles será acogido por una familia homosexual en caso de que a la primera familia le sea retirada la tutela, requiriendo así la introducción de una normativa discriminatoria en España.

La reanudación de los trámites de adopción de menores rusos por parte de familias españolas depende de la aprobación de un convenio bilateral entre Rusia y España, que ya lleva cuatro años en proceso de negociación. Según fuentes del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (que participa junto a Asuntos Exteriores en las conversaciones), el principal escollo radica en que “ahora el Tribunal Supremo ruso exige garantías adicionales de que ningún niño nacido en ese país y que haya sido adoptado por españoles será recolocado con una familia homosexual, en caso de que le sea retirada la tutela a la familia que originariamente lo adoptó”. Recolocaciones que se producirían “en, como mucho, un 1% de los casos y siempre tras la intervención de los servicios sociales”, según sostienen las mismas fuentes.

Además de la gran angustia que esta situación acarrea a las familias de acogida y muy especialmente a los menores a la espera de ser adoptados, la postura rusa supone en la práctica un intento de forzar la reintroducción de normativas discriminatorias en países que ya han aprobado el matrimonio igualitario. Y ello, usando el bienestar de menores huérfanos como palanca.

 

 

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